La aceleración de la inteligencia artificial plantea un desafío distinto al de otras revoluciones tecnológicas: no el cambio, sino la velocidad de adaptación. En un contexto de sobreabundancia de información, el rol humano se orienta cada vez más a validar datos, ejercer pensamiento crítico y formular las preguntas correctas, mientras se redefinen la educación, la regulación y la transición laboral