Alejandro Bongiovanni es abogado y diputado nacional por la provincia de Santa Fe. Cuenta con un máster en Derecho y Economía, formación que atraviesa su mirada sobre el rol del Estado, la regulación y las políticas públicas. Hasta finales de 2025 integró el bloque PRO en la Cámara de Diputados y actualmente forma parte del bloque La Libertad Avanza (LLA).

Antes de su llegada al Congreso, desarrolló una trayectoria académica y profesional vinculada al derecho público, la teoría del Estado y la filosofía política, con especial énfasis en el liberalismo clásico y contemporáneo. Se formó en universidades públicas y participó activamente en espacios de debate intelectual, donde abordó temas como la libertad individual, los límites de la intervención estatal y la relación entre derecho, economía y democracia.

En su actividad legislativa, Bongiovanni se ha destacado por impulsar reformas orientadas a la desregulación, la reducción del peso del Estado y la eliminación de privilegios corporativos, con foco en la estabilidad macroeconómica y el funcionamiento de los mercados. Su intervención pública combina referencias teóricas con una lectura pragmática del contexto político argentino, y pone especial atención en las reformas estructurales como condición para el crecimiento y la recuperación económica.

En abril de 2024 estuvo en el ciclo de entrevistas Conversaciones Convergentes, que se pueden ver en el canal de YouTube de Convercom.info

-Hubo una época en la que el liberalismo tenía el rostro y la edad de «don Álvaro» [Alsogaray] y hoy pareciera, por ahí va la pregunta, que tiene un perfil más juvenil. ¿Hay algo de eso?

-Sí, y en el medio hubo una época que, perdóname que la meta, pero es un poco la que me tocó a mí, que fue la en la que el ser liberal era muy demonizado. A mí me agarra en la época de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), posmenemismo, neoliberalismo… y estoy diciendo cómo era la narrativa desde ese entonces, como una continuidad de la dictadura, Martínez de Hoz, el golpe cívico-militar, Menem, y todo el que era llamado liberal, que nos gustaban las ideas del libre mercado

… Estaba con Videla.

-Sí, yo me acuerdo de un profesor de Sociología, que en pas descanse, que en discusiones muy interesantes que había, porque también es eso, también lo digo, las discusiones en la universidad pública eran muy abiertas, el profesor te decía, bueno, vos estás de acuerdo con Videla, pero ¿qué tiene que ver Videla con el liberalismo? Y bueno, uno se allanaba y decía, bueno, ya está, tampoco voy a dar esta lucha.

Perdón si me pongo un poco referencial, pero son cosas biográficas que me dejaron marcado, fíjate que todavía las recuerdo. Pedíamos Economía Política a la Facu, y el manual de referencia era Las venas abiertas de América Latina, un libro de un poeta. No de un economista político, no de un político que hacía economía, no de un filósofo político, de un poeta, Eduardo Galeano, entre paréntesis, para mi gusto decimos mal poeta, pero eso es completamente subjetivo.

Un libro que después, antes de morir, Eduardo Galeano repudia él mismo y dice, la verdad cuando escribí este libro no tenía la más válida idea de nada, un libro poético que hablaba de una América Latina a la que le succionaban las venas, que eran recursos naturales, la potencia, el colonialismo, el imperialismo, blablabla, y ese era el texto con el que nosotros cursábamos Economía Política.

Sí, es cierto, hubo un Álvaro que yo no conocí ni llegué a ver, que siempre los mayores te dicen, no, el verdadero liberalismo, la UCeDe y demás. Yo no viví eso, yo viví la época de demonización, digo, del liberalismo, en el que los que éramos liberales nos manteníamos en grupos pequeños. Tampoco me voy a hacer una víctima, vivíamos en democracia y uno podía decir lo que pensaba, era solamente un poquito escarnio moral, quizás no estuvo. Demasiado bien a la noche en la fiesta de la universidad no te iba si decías que eras liberal. Pero más allá de eso no pasaba nada.

-La sensación era de minoría, de muy minoritario.

-Sí, de club, éramos un poco como los troscos, digamos. Hoy la gente habla de Hayek, que no era tan marginal. Hayek ganó un premio Nobel en 1974, si no recuerdo mal. Él no era tan marginal, pero houy se habla de Rothbard, que no es un autor de los que más me gustan, ni mucho menos, porque ya va a un versión que se llama narcocapitalismo. Pero que hoy se hable de Rothbard, que era un autor marginal en una tribu marginal, es un montón. Entonces, sí, lo que estamos viendo con el liberalismo es muy sorprendente.

-Esto que se instala un poco en la agenda política, en el discurso político, de que el presidente Milei llega a la presidencia justamente porque logró entrar en los jóvenes, y que el liberalismo hoy es un tema de jóvenes, ¿eso es relato o hay algo de sustancia?

-Creo que tiene bastante sustancia. En primer lugar, porque la izquierda aburguesó demasiado, la izquierda y algunos partidos más establecidos también. Cuando vos decís, che, mirá la juventud de los partidos más importantes, si no eran funcionarios públicos, le pegaban en el palo.

La izquierda se aburguesó demasiado, y para mi gusto se pasó un par de pueblos con agendas que ya eran como demasiado estrafalarias para el promedio de la sociedad, y no estoy diciendo que en el promedio está la virtud, ni mucho menos. En el promedio de la sociedad puede haber defectos y cosas horribles. Pero si vos ponés el árbol en el medio, y bueno, la verdad que quizás la agenda de las infancias trans, por ponerte un emblema de la izquierda de hace muy poquitos años, que se ponía como bandera casi de prioridad uno eso… Entonces como que se olvidaron un poco del representante. También perdieron a las clases trabajadoras, eso es muy llamativo.

El sujeto electoral de la izquierda terminó siendo un empleado público, y ahí perdieron. Y en los jóvenes es verdad que un discurso muy aburguesado, que se había vuelto muy naftalínico, y además, y esto ha sido virtud de algunas derechas, pero también de otras izquierdas de otros países, el lenguaje de las redes.

Acá no sé qué otro político además de Milei interpretó mejor el lenguaje de las redes. De nuevo, no lo estoy diciendo como algo virtuoso el lenguaje de las redes. El lenguaje de las redes tiene mucho de maniqueo, de poco civilizado.

-Pero ha sido eficiente.

-Pero es eficiente. Entonces me parece que acá Milei lo interpretó como nadie. Y hemos tenido la suerte, después si querés hacemos matices, pero hemos tenido la suerte de que un outsider que nos ha tocado, podría haber sido un outsider de la izquierda, como ocurrió por ejemplo con Boric en Chile, un muchacho de 36 años, que sobre todo florece a partir de incendios en Santiago de Chile por el aumento de un pasaje de subte. Nos podría haber tocado un líder de derecha un poco más extremo. Me podrías decir si Milei no me parece extemo. Bueno, lo podemos discutir. Al menos en la agenda ahora me parece que no. Quizá los anticuerpos para eso es que tenemos problemas muy económicos, entonces hoy hay que ocuparse de los bancos, que mañana veremos si eso es o no.

Bueno, nos tocó un outsider que cree en el libre mercado. Y la verdad que hoy los problemas de Argentina y para mí, y puedo estar equivocado y admito respuestas en contrario, son sobre todo económicos. Son sobre todo el peso del Estado en la economía, el peso del Estado en los ciudadanos, las regulaciones excesivas, de negocio tras negocio tras negocio. Después tuve una agenda social que me mantiene así un poquito en vilo, y que estoy mirando a reojo a ver si se convierte en agenda de gobierno, o es solamente es fulbito para una tribuna a la que le gusta hablar. Me fui completamente por las ramas.

-Vamos a volver al tema de las reformas porque quiero recorrer algunos de los capítulos que se puedan abordar en el cortito tiempo que tenemos. Pero antes, siguiendo con el liberalismo, ¿cuántos liberalismos hay?

-Varios. El liberalismo no tiene un libro, no hay una biblia.

-No hay un libro El capital.

-Exacto. No es como el marxismo, que igual, viste que después hay el marxismo utópico, el marxismo científico…

El liberalismo es más complejo todavía, porque es más una pulsión hacia la libertad individual. Entonces vos tenés desde anarcocapitalista, que para mí es una visión un poco adolescente

-La abolición del Esatado

-Sí, la abolición total del Estado, cualquier interferencia del Estado, el semáforo es una cosa intolerable; tenés miniarquistas, tenés Nozick, uno de los intelectuales más importantes del siglo pasado, que discutía con Rawls, otro de los intelectuales más importantes del siglo pasado. Tenés un anarcosocialiberalismo, que a mí no me gusta demasiado.

Yo soy más un miniarquista. Pero hay distintas visiones que además se justifican por distintas cosas, como tal filosofía política. Vos podés ser más subjetivista, más objetivista, más kantiano, más utilitarista, más utilitarista de regla, más utilitarista de conducta.

Entonces hay un abanico muy grande y está bien que así sea, porque para mí el liberalismo es una aproximación hacia un fenómeno social. No tiene todas las respuestas. De hecho, ¿sabés por qué yo soy liberal? Porque yo considero que no tengo todas las respuestas y que mi pretensión de tener todas las respuestas es imposible.

Entonces, ante la duda, quiero que la gente tenga más libertad. Porque si yo tuviese todas las respuestas, diría, bueno, te voy a obligar a ser feliz porque yo sé lo que es mejor para vos. Como nadie tiene ese conocimiento, démosle libertad a la gente, a que voluntariamente arregle su vida social, su vida familiar, su vida laboral, su vida empresarial, su vida comercial.

-Y ese espectro liberal, podríamos llamarlo así, ¿no? De variantes y matices. ¿Puede consolidarse en una fuerza política?

-Bueno, estamos viendo esto. A mí se lo dicen en un libro que se llama Liberalismo, de principio del siglo pasado. No existe tal cosa como la realización del ideal liberal en un gobierno. Nunca pasó, nunca va a pasar. Hay gobiernos con más materialización de libertades y otros con menos, pero no existe la realización última porque la libertad es un ideal casi regulativo. Es un horizonte hacia donde apuntar. No terminás nunca de llegar. Entonces, hay gobiernos más liberales.

Hay gobiernos más liberales en cuestiones económicas y y en cuestiones no económicas. A un liberal, de verdad, le interesan ambas cosas. Pero también hay que mirar el contexto. Porque la verdad que si vos… Lo pongo siempre como ejemplo, pongo Venezuela.

Mi amiga y una persona que admiro mucho es María Corina Machado. Yo no sé si al final prefiere una banca libre o una banca regulada en el no sé qué o no sé cuánto o los pasivos remunerados. Ahora, lo que yo sé es que está haciendo una lucha liberal.

Mañana vemos. Porque también vos tenés que ver sus prioridades y su contexto.

-Claro, qué tiene enfrente

-Exacto. Entonces, también ver las cosas en abstracto. Claro, cuando vos ves política no podés mirar las cosas. Cuando vos ves la filosofía política, sí, está bien. Y ahí está bien permanentemente encontrar el discenso, encontrar la diferencia. Porque en la filosofía política, el derecho, la ética se hace en base al pensamiento.

En la política tenés que hacer todo lo contrario. Tenés que buscar consenso, tenés que buscar ideas en común, tenés que buscar mínimos comunes denominadores. Porque si no, nunca podés materializar las ideas en la realidad.

Esa es la tensión que vos tenés entre los liberales porque estamos siempre muy acostumbrados al mundo de las ideas y el mundo de las políticas nos está acostando un poco más. Ahora vemos esto, donde hay uno que solapa las dos cosas y obviamente hay tensión y las va a seguir habiendo. Y va a haber momentos que decimos, che, qué liberales están haciendo, y otros, che, qué poco liberales están haciendo. Y necesariamente va a ser así.

-Y definitivamente hay un abismo entre libertad e igualdad, que es un poco lo que se plantea a veces en el debate político.

-Eso es lo que quiso hacer Rawls en 1970. Rawls quiso encontrar una fórmula que hermane la igualdad con la libertad. Y eso es algo muy sofisticado. A mí no me termina esa raya, yo no soy quien para criticar a Rawls, pero no sé si sí lo hizo.

Creo que el problema que tiene el ideal igualitario y todos los pensadores que vienen después de Rawls es que al final del día se llevan de bruces contra algo que no existe. Fijate que incluso hablo de igualdad de oportunidad, y suena bien, pero cuando lo quieren materializar, la verdad que es un poco falopa. Medio que lo decimos también para calmarnos y no sentirnos culpables, pero no existe igualdad de oportunidad.

Nosotros podemos hacer que no todas las relaciones se den al mercado y que a las personas muy desfavorecidas les demos un piso de oportunidades. Y ese piso de oportunidad, hay muchos que dicen que ese piso de oportunidad no tiene problema. Yo podría estar de acuerdo con eso. Ahora, no lo llamenos igualdad de oportunidades, porque eso tampoco lo es. Porque si yo nazco más sano que vos, tengo mejores oportunidades que vos. Si mis padres me dan más cariño, si me dan estimulación más temprana… ¿Y cómo hace el Estado para hacer que la estimulación temprana que dicen que es algo completamente vital en el desarrollo de un niño sea enforzada por él? No existe.

Necesariamente hay un montón de cosas que están atravesadas por el azar, y el azar es así. Ahora, yo al azar no lo llamo desigual. No es justo. No tiene parámetro de justicia. Que caiga un rayo y vos te parta tu casa no es ni justo ni injusto.

-Es fáctico.

-Es fáctico. No tiene un parámetro moral encima. Creo que podemos pensar un estado de las cosas donde le demos un piso de oportunidades a los menos favorecidos. Podemos someter a debate ese piso de educación, salud y lo que sea. Yo estoy dispuesto a esos debates, que me parecen muy buenos . Ahora, pensar que igualamos oportunidades al final del día y buscarlo como un igualador hacia el final y no hacia el principio es utópico.

Y me parece que Rawls intenta eso y lamentablemente se choca contra la pared.

-Alejandro, ¿cuál es la reforma más urgente en la Argentina?

-Hay una es la macroeconómica y el gobierno la está haciendo. Yo creo que bastante bien. Igual no me considero doctor en la materia, estoy todo el tiempo hablando con economistas.

Hoy admito que un 60% con mucha esperanza, un 20% con escepticismo y otro 20% con cierto pesimismo. Todo lo que no sea la reducción del déficit fiscal y reducción de la inflación, que son el camino principal, suma, es crema y frutilla para el postre y me encanta, pero sin esto no hay nada.

Todo lo que nos compete más a nosotros, los legisladores y demás, para mí parte sobre todo de desregular. ¿Qué es desregular al final del día?

-¿Otra palabra, tabú?

-No, total no lo hubo. No se podía hablar de deregulación. Al revés, pero además se ha vuelto sentido común. El otro día estuve con un colega que quería regular a los influencers.

-Son ideas que vienen de Europa.

-Sí, a mí me puso muy nervioso ¿Cuál fue la primera premisa argumental? No, que no puede ser porque no está en regulado. No es que me dijo hay que regularlo por alguna justificación. La justificación era porque no estaba en regulado y eso se convirtió en sentido común en Argentina. No puede haber actividad sin regulación. Es una barbaridad.

Hoy hay una hermosa tarea que hizo mi amigo Sergio Sturtzenegger hace ya dos años y chirolas, que en parte fue lo que a mí me motivó a decir quiero ver si puedo estar en el Congreso el año que viene. Un día me llama Federico y me dice estoy con un equipo sondeando todas las leyes vigentes en Argentina y voy a ver cuáles son regulaciones inútiles y cuáles habría que modificar y cuáles habría que derogar.

¿Es verdad lo que está haciendo? Yo pensé que había entendido mal, lo fui a ver y lo encontré con una pila así de papeles. Entonces yo le dije si me dejaba sacar una foto porque a mi se me caían las lágrimas. Yo me emociono con estas estupideces. Entonces le saco una foto, la publico en las redes y se empieza a armar como una mística del trabajo. Y efectivamente el tipo tenía el prototipo de la ley Bases del 6 de febrero.

-La de casi mil artículos.

-Que era una bestialidad, hay que admitir que también eso es cierto. Era imposible de digerir.

-Con un puñado de diputados

-Un puñado de diputados que recién llegábamos. Estábamos todos ahí recién caídos. Era indigerible la cantidad de temas. Yo no tenía ni oficina. O sea, no tenía un lugar donde sentarme y tenía pila de gente que atender porque venían a las 10 de la mañana los del colegio de abogado para insultarte porque el matrimonio ahora lo podía hacer sin patrocinio letrado, después venían los artistas que te decían que el Instituto del Teatro no sé qué, después tenía a las cámaras de biocombustibles.

Fíjate además la heterogeneidad de los temas.

-Fue como patear cientos de homigueros.

-Como patear 150 hormigueros al mismo tiempo. Ahora, la tónica que había detrás de esa ley bases que después lo que votamos el otro día fue ley basecita. Si la otra es una ley ómnibus, esta fue una ley minivan, tristemente. Y está bien porque hubo que acordar con los bloques y espero que dé resultado y que saben lo que fue. El leitmotiv que había detrás de esa ley era que la voluntad de las partes prima. Indubio pro libertad. Indubio pro voluntad de las partes.

No es tan loco eso. Es razonable. Tenemos muchas regulaciones absurdas que están hechas o para que algún intermediario se quede con un pedazo de negocio o para que no se cumpla y el funcionario o el encargado controlador se quede con un pedazo de negocio. O porque dirigen un negocio para un lado o para el otro. Te puedo poner 16.000 ejemplos.

-Lo que Macri decía sobre los comentarios de los empresarios: yo estoy de acuerdo con las reformas pero la mía está, yo conservo mi privilegio.

-Exactamente. Porque ahí también hay un tema. Muchas veces son pequeños privilegios. Pequeños, pero en todo. En toda la cadena de todos los rubros vos encontrás esos pequeños privilegios.

El autor del libro La república corporativa, Jorge Gustamante, dice algo buenísimo. Dice que acá en la Argentina no son tanto el problema los negocios ilícitos sino los negocios ilícitos. Y es verdad. Te dan un sobrecosto impresionante. Entre paréntesis, y perdón que me pongo literario, Bustamante escribe este libro 88 creo. Carlos Nino, que tampoco podés llamar un liberal de derecha, escribe Argentina al margen de la ley en el 90 y poco. Pasaron 25 años.

-De hecho se han reeditado.

-Exactamente. ¿Por qué se han reeditado? Porque describen la Argentina de hoy. Era lógico. Le doy beneplácito a que venga un tipo con un balde de shock y diga desregulación, menos corporativismo, shock de superávit fiscal. Hacían falta estas cosas.

-¿Por dónde empezamos?

-Si a este gobierno le va mal en la macroeconomía, todo esto que te estuve diciendo….

-La inflación está empezando a bajar, estamos expectantes y ansiosos por la salida del cepo. Hay como otro clima.

-Yo me quedé un poco desencantado con el cercenamiento de muchos temas buenos que había en la Ley de Bases original y que ahora no hay. Por ejemplo, el biocombustible. Es un negocio con nombre y apellido para un puñadito de empresas que no quieren que las aceiteras hagan biocombustible, cuando por escala es natural que los hagan. Es como querer que los autos sólo los fabriquen las pymes. No es eficiente que las pymes fabriquen autos. En biocomubstibles es así desde una ley de 2011 de Marcos Cleri y Guillemí. Eso se borró. ¿Por qué? Porque hubo que hacer acuerdos.

Los fondos fiduciarios, otro tema. No sabíamos ni qué eran los fondos fiduciarios. Yo más o menos siempre estuve en cuestiones políticas y sabía, pero el público en general no sabía qué eran los fondos fiduciarios, más allá de que había periodistas alertando. Hay que apretar ahí que sale pus a lo loco.

Hay muchas cosas que quedaron en la Ley de Bases. Hicimos una reforma laboral que es una reformita, pero es bienvenida.

-Hay pequeños cambios que por ahí tienen gran impacto, ¿no?

-Eso para mí va a generar impacto. No digo que va a generar un shock de empleo, porque hay una recesión muy dura, que todavía no sabemos si es una V, una L, una U, una no sé qué. Pero va a generar pequeño empleo y si los empresarios son vivos, espero que sean vivos y empiecen a no sólo a tomar gente, sino además a anunciar, che, estamos tomando gente, estamos tomando gente. Pueden generar un ciclo virtuoso.

Yo creo que eso sería una de las principales cosas con las que tenemos que empezar.

-¿En qué se parece este momento al comienzo de la presidencia de Menem y la Ley de Reforma del Estado?

-Bueno, en primer lugar… Viste como dice Heráclito, no se puede cruzar el mismo río dos veces. En primer lugar, la primera diferencia es que ya pasó la de Menem.

-Y ya se revirtió en gran medida.

-Exactamente. Entonces vos también podés mirar algunas cosas que pasaron y otras que no. Me parece igual que lo de Menem en su momento en cuanto a reformas fue más grande y ambicioso. También es cierto que lleva poco tiempo este gobierno [de Milei]. Entonces estamos jugando un gobierno que recién empieza.

-Menem se convivió con una hiperinflación de arranque.

-Exactamente. Los primeros años de Menem fueron bien difíciles. Y yo creo que también el presidente está mirando mucho lo que fue la presidencia de Macri, que también tuvo una vocación reformista, menor probablemente.

-Macri hablaba de reformismo permanente, que era otra versión de gradualismo.

-Tenían una vocación de reforma, probablemente tenía un camino también en mente, pero mucho más pausado, suponiendo, quizá con una esencia o no, no sé, pero que iban a encontrar cierta benevolencia del otro lado porque iban a encontrar cierto espíritu.

Esto no lo dije yo, lo dijo alguien: nosotros en el PRO intentamos ser la oposición que hubiésemos merecido tener. Es una frase buenísima.

Y eso me parece muy bueno porque el PRO, yo le puedo decir un montón de cosas buenas, malas, errores, que me hubiera gustado más ortodoxia, menos, más, pero muchachos, le hicieron la vida imposible desde el minuto cero. Ahora dicen, la dictadura de Milei, pero lo hicieron igual con Macri. ¡De Macri!

Entonces también hay algo, y esto lo admito, y esto está mal lo que voy a decir, pero lo voy a decir igual. Hay un poquito de goce, un poco de schadenfreude, palabra alemana que significa felicidad por el sufrimiento ajeno. Hay un poquito de schadenfreude en mi parte cuando veo también a la izquierda hoy un poco asustada, porque bueno, muchachos, siempre gritaban lobo, gritaban lobo y no había lobo. Y ahora, claro, bueno, ahora llegó.

-Si tuvieras que jugar una ficha, ya sé que me dijiste que la macro es lo importante, cuál sería en cuanto a reformas

-Hoy creo que la reforma laboral de la ley bases creo que va a materializarse, creo que va a tener efectos inmediatos. No voluminosos, pero inmediatos. Me hubiera gustado que esté también lo de la no obligatoriedad de la cuota solidaria sindical. Me hubiera gustado que no esté lo de las multas, me hubiera gustado. ¿Esta es la mejor reforma? No, es la que se pudo consensuar. Si sale, yo creo que vamos a ver a empresas tomando empleo, que es algo que no pasa hace mucho tiempo. Y eso va a ser, para mí va a cambiar un poco el humor social [NdE: la reforma laboral de la ley Bases II se frenó judicialmente; en enero de 2026, el gobierno del presidente Milei espera la aprobación de un proyecto de ley de reforma laboral].

-Y ya que estamos con el capítulo sindical, ¿obras sociales?

-Importantísimo. Vamos a eso. Hay todo un capítulo. Como te digo, se han tocado un montón de cosas y hay omisiones muy notables. Te nombro otra: el régimen de Tierra del Fuego. ¿Hasta cuándo nos vamos a hacer los tontos con el régimen de Tierra del Fuego? Además, con este nivel de carestía. ¿Hasta cuándo nos vamos a hacer los tontos con eso? Una mega financiación de la mega ineficiencia.

La financiación de la política, otro tema; hay periodistas que lo tratan. No son muchos. En algún momento hay que… Los que estamos en política… yo estoy hace cuatro meses, así que todavía tengo un changui, y además no me cae una moneda si me dan vuelta. Pero eso es un tema importante.

La de Tierra del Fuego es un escándalo. Porque además, cuando vos vivís cierta abundancia relativa, pasa, siga, siga, decía La Molina. Pero en medio de esta crisis, de esta carestía, que vos estés dejando esos negocios cielo abierto ¡mamita!

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