Alicia de Arteaga es la periodista especializada en arte más relevante de la Argentina. Su interés se centró en los campos de las artes visuales, el patrimonio cultural, los museos y el mercado del arte. Durante décadas desarrolló su carrera en el diario La Nación, donde fue una de las principales referentes en la cobertura cultural y contribuyó a ampliar el interés del público general por el arte contemporáneo y sus circuitos institucionales y comerciales.
Licenciada en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), De Arteaga construyó un perfil distintivo al acercar temas tradicionalmente considerados elitistas a audiencias más amplias, combinando rigor periodístico con un lenguaje accesible. Fue pionera en incorporar el mercado del arte como tema informativo en la prensa argentina, abordando subastas, coleccionismo, mecenazgo y ferias internacionales cuando aún eran ámbitos poco explorados por el periodismo local.
Además de su labor periodística, fue docente universitaria y participa activamente en espacios de divulgación cultural y redes sociales, donde continúa reflexionando sobre tendencias artísticas, circulación global del arte y nuevas formas de consumo cultural.
En abril de 2024 estuvo en el ciclo de entrevistas Conversaciones Convergentes, que se puede ver en el canal de YouTube de Convercom.info
-Hablemos de arte, que también es la historia de tu vida
-Siempre cuento, medio en chiste, que una vez un periodista que después trabajó con nosotros en el diario, Hernán Ameijeiras, de la revista cultural La Maga, en una entrevista me dijo: «Claro, cómo no te vas a dedicar al arte si te llamás ‘De Arteaga'».
Es como un destino. El arte es la columna vertebral de mi profesión de periodista. O sea, soy una perioidsta que ama el arte.
-Y que además acercás el arte a gente que no conoce en profundidad distintos aspectos de la disciplina
-Siento que eso ha sido mi core competence y era un nicho que no estaba explorado: hablar de cosas que eran inaccesibles pero en un lenguaje accesible. En aquella época, el lenguaje, sobre todo de los críticos de arte, tenía una gran tendencia a ser hermético con el gran error de pensar que cuando hablás en difícil sabés más. Yo combatí siempre eso. A mi me parece que el que sabe. sabe. Y lo tiene que transmitir.
Empecé con la columna de mercados en los años 80 cuando nadie hablaba de eso y, además, cuando «mercado» era mala palabra y era bastante riesgoso porque unir el arte con el dinero…
-Pero si venían unidos desde siempre…
-¡Siempre! De los Da Vinci… Los Medici fueron los primeros mecenas y además está Cayo Clinio Mecenas que fue quien dio el nombre al concepto, que viene de los romanos y antes de los griegos. O sea, una cosa de toda la vida.
-Y sin los cuales no habría en gran medida arte
-No, porque el arte necesita del mercado y el mercado no existe sin los artistas. Siempre digo que hablamos mucho de los sponsors y tenemos la feria ArteBA que se montó con dinero privado, se hace en Buenos Aires pero no es de la ciudad sino de una fundación, y funcionó muy bien. A ellos siempre les digo no se olviden de los artistas porque sin los artistas no hay mercado, ferias ni bienales. No hay nada.
Es un poco una de cal y una de arena. Hablemos de dinero pero hablemos de arte.
-Venimos de largos años de crisis en Argentina, cómo impactó en la actividad artística y en el mercado
-Creo que impactó en el mundo porque la pandemia fue una cosa muy dura porque eliminó lo presencial. Lo presencial en arte funciona de una manera muy necesaria porque están los museos y a las visitas. El contacto con la obra de arte es mucho más potente. Hubo un largo paréntesis en el 2020 y el 2021 y se empezó a reactivar en el 2022. A nosotros se nos juntaron el hambre y las ganas de comer. Hubo una crisis mundial y una crisis local.
Pero de todas maneras, el siglo XXI estuvo marcado por la aparición de coleccionistas jóvenes cosa que le dio a nuestro país un carácter bastante particular.
-¿Esa es la novedad de la Argentina?
-Creo que sí. Antes, nosotros teníamos a coleccionistas tipo Blaquier, Costantini o, antes incluso, Santamarina, muy importantes pero más ligados a la tradición o a otra época. De hecho, el Malba, que es el mejor museo de arte latinoamericano, lo es en arte moderno. Para tu audiencia, arte moderno es hasta mitad del siglo XX. O sea, las vanguardias históricas: cubismo, surrealismo, dadaismo… Pero para el arte contemporáneo ya es hay empezar después de los 60.
Entonces, al arte contemporáneo lo tomaron estos jóvenes coleccionistas, que empezaron a comprar. Valía muy poco porque los artistas acá en la época de la crisis del 2001 no tenían de qué vivir y entonces se armaron unas colecciones lindas de gente que viene del mundo de las finanzas o el campo y, menos, de gente que tiene una tradición familiar de gusto por el arte.
-¿Qué características comunes ves vos en la mirada de esos coleccionistas?
-Es muy buena tu pregunta. Creo que hay una cosa muy interesante porque lo que tienen en común es un compromiso mucho más vital con lo que están haciendo. De hecho van a los talleres, hablan con los artistas, son amigos, los invitan…
-No sólo el arte, también los aristas
-Por ejemplo, Eduardo Mallea, vicepresidente de ArteBA, que fue director de la Aduana y sobre el que escribí una columna. Él empezó como coleccionista siendo abogado del estudio Funes de Rioja donde su core competence era el comercio exterior. Empezó comprando cuadros y ¿cómo lo hacía? Invitaba a los artistas a almorzar al estudio -yo he ido a esos encuentros-.
Creo que lo nuevo es el involucramiento mucho más cercano y real.
-Personal
-Claro, porque no están comprando un Renoir o un Monet, estás comprando un Vicente Grondona, un Max Gómez Canle o un Basualdo, gente que tiene 40 o 30 y pico y con la que se puede conversar o ser amigo. Creo que esa es la gran diferencia.
-Entre los artistas, ¿Cuáles son las principales novedades de los últimos 10 años, más allá del coleccionismo?
-El otro día hubo una muestra en la galería de Nora Fish que es una galería muy buena que está en San Telmo, del coleccionista Alejandro Ikonicof, que viene un poco de las finanzas y el mundo empresario. Él hizo una colección del siglo XXI y está expuesta porque estuvo haciendo una especie de subasta de varios meses. Y ahí te das cuenta que pasaron un montón de cosas: acá hubo mucho instalación, mucha fotografía, mucho arte conceptual que es el arte donde importa la palabra. La idea viene de la palabra concept, de cuando Duchamp hace el migitorio y lo llama Fuente, ahí surge el arte conceptual. Eso fue muy fuerte entre el 2002 y 2015.
Si me preguntás hoy, creo que lo más fuerte es que hay un regreso tremendo a la pintura. Los artistas están pintando mucho y es curioso porque los medios, los críticos y yo misma, nos hicimos eco de una especie de vox populi que era «la pintura ha muerto». Durante muchos años se dijo eso, la pintura está muerta, y la pintura está más viva que nunca. O sea los artistas vuelven a ser pintores.
-¿Cómo ves estas instalaciones inmersivas, con videomapping, que se consolidan en muchos lugares del mundo y que hacen giras? Exposiciones de artistas con relativa tradición cuyas obras cobran vida con mapping y otras técnicas audiovisuales
-Me parece interesante y muy bueno. Yo vi la de [Gustave] Klimt en París a la que fui con mis nietos [NdE: tambien hicieron giras globales masivas experiencias sobre Van Gogh y Monet]. Fue una experiencia alucinante.
-Que es un poco una derivación del arte digital o el videoarte
-Tiene que ver con eso. El uso de las nuevas tecnologías durante un momento fue muy importante. Muchos artistas estaban usando el 3D, el arte digital. Ahora creo que está más tranqui y que volvió la pintura.
Pero para estos grandes eventos creo que es muy útil porque la persona que no sabe nada de arte va a ver el espectáculo. Y el arte se convierte en un espectáculo irresistible por cómo está hecho, por los colores. En lo que yo vi en París la pintura bajaba al piso, se te metía en el cuerpo y vos veías la cara de la persona que estaba al lado y era el beso de Klimt. Un cuadro divino puesto en el cuerpo de alguien. Toda esa mística que siempre tuvimos como un poco lejana se convertía en el lenguaje contemporáneo.
-Y ves que puede tener nuevos niveles de masividad porque al final asisten miles de personas
-La masividad del arte es una de las características salientes, te diría, de los últimos 30 años. El arte antes era elitista o para gente que estaba como más preparada y eso ya no pasa más. En los museos la gente hace cola, las entradas sacan por Internet seis meses antes. Si querés ver La Última Cena de Leonardo en Milán un año antes tenés que pensarlo, mucho antes que ir a comer al Bulli o a cualquier gran restaurante. El arte convoca y creo que, si querés, la última pincelada lo dan estas exposiciones. Ya pasa de ser una cosa masiva centrada en un museo a ser un espectáculo equivalente a los de los estadios.
-En esa línea, en un momento se hablaba mucho de los NFT
–Non Fungible Tokens, exactamente.
-¿Esa ola ya pasó?
-Viste que todas las cosas pasan. Son todas modas o tendencias. Creo que el asunto ese funcionó muy bien como novedad sobre todo para el público más joven que maneja estas monedas digitales y esta cosa de comprarse no un original sino el crédito de poder reproducirlo sin tener el físico. Es un poco como una abstracción. Eso todavía no es fácil, la gente quiere tener la obra.
-¿Qué es el periodismo de arte? ¿Cómo se define?
-El periodismo de arte es, antes que nada, periodismo. En realidad, el arte es un nicho del periodismo. Y en ese territorio las herramientas son las mismas: vos buscás la noticia, la primicia, chequeás las fuentes, buscás que tu audiencia crezca, que tu lenguaje sea atractivo, que en las cinco primeras líneas de un texto tenés que capturar al lector porque si no se fue, o sea todos los elementos que conocemos.
El hecho de que el arte creció como tema para un público mayor hizo posible que existiera esto que llamamos periodismo de arte. Pero cuando yo empecé a trabajar en La Nación el espacio que tenía el arte era muy poco y fue el mercado el que empujó el tema para arriba.
La primera vez que el arte fue título de tapa fue cuando un cuadro costó 10 millones de dólares. Yo estaba en la redacción, creo que el secretario era Rafael Saralegui [padre], que me llamó y me preguntó si era importante. Y le dije: «Rafa, me parece que es un tema de tapa, es una cosa importantísima».
Eso hizo que cambiara todo el circuito, entonces la información que yo manejaba pasó de ser periférica a ser central. No te digo que todo el tiempo, pero…
-Con recurrencia
-Con recurrencia tenías la oportunidad de estar en la tapa, de viajar, había cosas que convocaban a un público masivo y entonces explorando un poco en ese territorio aparecieron muchas perlas. No solamente las grandes ventas, que evidentemente eran como la cereza del postre, sino que había muchísimas otras cosas que empezaron en ese momento: las grandes exposiciones, la gente empezó a viajar para visitar museos y eso, ¿sabés cuándo se demostró?
Cuando se inauguró el Guggenheim de Bilbao, en 1992, para los 500 años [de la llegada de Cristóbal Colón a América]. Bilbao era una ciudad que había caído en la peor de las desgracias. Había sido un gran astillero, y cuando se hizo la integración de Europa, la comunidad le dijo basta, no más astillero y se quedaron sin nada. Entonces empezaron a inventar cosas hasta que uno dijo «hagamos un museo». Y pasó a ser el destino más visitado de Europa con el museo Guggenheim.
-Alicia, periodista de arte y además profesora. A aquellos periodistas en formación que quieren dedicarse al nicho del arte ¿qué consejos desde la experiencia podés darle vos y desde la búsqueda consatnte de la innovación?
-Eso que acabas de decir es muy cierto. Creo que la innovación es clave. Yo, un poco inventé el tema del mercado, porque no existía. Por supuesto que hubo quórum en el diario para hacerlo, gente que me apoyó y todo, pero era una cosa nueva. En este momento, seguramente lo sabés, me dedico muchísimo a las redes así que paso el chivo: @alicearte en Instagram. Estoy contenta, me divierte y despunto mucho el vicio.
Fui profesora en la Universidad Austral y después en la Del Salvador durante muchos años. Siempre dije que el arte es una herramienta que te abre puertas, pero que no tenés que pensar que solamente vas a estar en un museo, en una galería o en ArteBA. Hay millones de lugares.
Me parece que lo más interesante del arte es que te abre la mente, es un lugar de expansión de los sentidos, de conocimiento, de la curiosidad, de conocer otros mundos. Entonces, el consejo sería que no se imaginen que el día de mañana van a estar trabajando en una galería de arte, a lo mejor están trabajando en una agencia de publicidad y están desarrollando los textos de los creativos o a lo mejor están trabajando en una financiera porque ya no existen más mundos cerrados, lo que existen son mundos conectados. Todo es un gran combo y si vos sabés de arte podés entrar por ahí para hacer otras muchas cosas y no tiene limitación.
Soy licenciada en Letras, siempre pensé que iba a ser docente y terminé siendo periodista dedicándome al arte, pero nunca me arrepentí de haber estudado Letras. Me dio muchísimo, me enseñó el lenguaje, el manejo de la palabra y eso es bárbaro. Eso es lo que yo creo que hay que transmitir.
-Hay algo que creo que es una habilidad tuya, sobre la que desarrollaste tu carrera, y que es descubrir, pescar, las tendencias en lo abstracto. Leer lo que viene, lo que hay, lo que está en el ambiente y convertirlo en un tema que es interesante para una audiencia ¿Eso se puede aprender?
-Esa es la pregunta del millón, es difícil. Me parece que acá funciona muchísimo la intuición y también la mirada. Te voy a contar una pequeña anécdota. En la época de los grandes remates viajaba mucho a New York para las ventas. Y en el avión me leía todos los diarios y revistas. Viste que en los aviones [en esa época] estaban el New York Times, el Washington Post, el Financial Times y todo lo que quusieras, más Vanity Fair, Vogue, Women’s World Day… Bueno, yo me leía todo.
Entonces cuando yo llegaba, era como si yo hubiera estado ahí. Con esto te quiero decir que lo que hay que hacer es adelanterse y estar muy informado. Nada se inventa, todo está hecho y la posibilidad de llegar antes es el conocimiento, la información y no creer que las cosas caen del cielo.
Caen porque las buscás, porque tenés un feeling, porque seguís por dónde va la cosa y vos ves, por ejemplo, que de pronto los deportistas ahora son los nuevos modelos como antes eran los actores. Hicieron una campaña de Vuitton con Federer y Nadal. Hace 10 años eso era imposible. ¿Y cómo no va a ser así si el deporte es lo que más vende hoy en el mundo?
-¿Cuáles son hoy las capitales mundiales del arte? Las que siempre lo fueron y siguen siendo, las nuevas que están emergiendo.
-Históricamente, la capital del arte fue París. Después de la Segunda Guerra, la escena se trasladó a New York porque había que reconstruir Europa, que estaba totalmente en ruinas. Apareció un tipo que se llamó Leo Castelli, que fue un gran marchante que inventó un movimiento pictórico que le dio a Estados Unidos una potencia bárbara que fue el expresionismo abstracto, y después vino Andy Warhol, el pop y todo eso. Y entonces la capital fue New York.
Ahora vuelve un poco a ser París porque está la Fundación Vuitton, porque está Pinaut Collection, que hizo en la antigua bolsa hizo museo bueno. El dueño de Vuitton, que se llama Bernard Arnault, es el hombre más rico del mundo. Por eso, París vuelve a tener relevancia.
Pero la noticia de hoy es que China desplazó a Gran Bretaña en lo que hace a los compradores más fuertes. Antes el mercado se repartía entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Ahora es Estados Unidos y China. Los chinos están comprando muchísimo arte. Como mercado ascenente lo de China está muy vinculado a Hong Kong que es un centro de subastas y tiene una feria Art Basel muy fuerte. Después, Dubái que tiene ahora el Louvre Abu Dhabi.
-¿Y dónde quedamos en América Latina?
-América Latina tiene a Brasil, que nos saca 14 cuerpos de ventaja y la razón es muy simple en los años 50 por ahí hubo un tipo que se llamó Ciccillo Matarazzo que creó la Bienal de San Pablo para competir con Venecia, nada menos. Parecía imposible pero la Bienal de San Pablo sigue existiendo y convirtió a Brasil en un gran centro de arte, una potencia. Para decirte brevemente, en Brasil hay 20 artistas que valen más de un millón de dólares y en Argentina no hay ninguno.
-¿Y algún otro país?
-Colombia ha crecido mucho. Tuvo su lugar con Botero y lo tiene actualmente con la feria ArtBO en Bogotá, que es muy buena. Me parece que Uruguay es un lugar interesante, siempre digo que es un país chico con artistas grandes porque tiene a Torres-García, Barradas, Cuneo, toda la Escuela del Sur y ahora tiene el museo de Punta del Este, y un muy buen museo en Montevideo. Hay buenos coleccionistas tuvieron un presidente como [Julio María] Sanguinetti que habla el lenguaje del arte y es un político, y te puede dar a vos y a mí una clase sobre arte. Entonces Uruguay también es interesante pero económicamente no hay ningún país que se compare con Brasil.


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