Una producción del cine argentino logró articular recientemente un esquema de financiamiento en el mercado de capitales, marcando un precedente para la industria cultural. Se trata de la película de terror El enigma de Franca Fermín, dirigida por Octavio Revol Molina, con participación de las productoras argentinas Cabustra Arts y Blurr Stories, junto a las coproductoras Red Collision (Colombia) y Sangre Films (España).

La operación se realizó mediante la emisión de Pagarés Bursátiles Electrónicos a la Vista con ajuste Badlar -tasa de interés de referencia-, negociados en el Mercado Argentino de Valores (MAV). De esta manera, el cine argentino debutó formalmente como demandante de financiamiento estructurado dentro del sistema financiero.

El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) participó como promotor e inversor en la operación, adquiriendo los pagarés en el marco de un mecanismo de oferta pública, bajo condiciones de mercado y estándares de transparencia, según informó el MAV.

La modalidad utilizada fue impulsada por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y el MAV, con el acompañamiento de la Comisión Nacional de Valores (CNV) y el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. El instrumento permite estructurar financiamiento a través de títulos negociables en el mercado, ampliando las alternativas para proyectos productivos que no encajan en los esquemas empresariales tradicionales.

La tasa Badlar -referencia que pagan los bancos por depósitos a plazo fijo de gran volumen- permite que el rendimiento del instrumento se ajuste a las condiciones del sistema financiero, reduciendo el riesgo de descalce frente a movimientos bruscos de tasas.

Hasta ahora, el mercado de capitales argentino estaba mayormente asociado a sectores como la industria, el agro o la energía. Con esta operación, la industria audiovisual se incorpora como nuevo actor dentro del financiamiento estructurado, bajo reglas de mercado y lógica financiera. Este tipo de fuentes de financiamiento venía siendo impulsada por el presidente del Incaa, Carlos Pirovano, y anticipados por Convercom.info.

La negociación de pagarés bursátiles en el MAV representa, según los impulsores del esquema, un paso en términos de transparencia, agilidad y articulación entre el sector público y el privado. En la práctica, habilita que proyectos culturales accedan a fondeo mediante instrumentos simples y dinámicos, fortaleciendo el acceso al financiamiento productivo.

La operación coincide con el tratamiento en el Congreso Nacional de la ley de reforma laboral que elimina los impuestos específicos que financian el Fondo de Fomento Cinematográfico que administra el Incaa, y que el 11 de enero logró media sanción del Senado.

Los Pagarés Bursátiles Electrónicos a la Vista son instrumentos de deuda digitales negociables en el mercado de capitales mediante los cuales un emisor se compromete a pagar una suma determinada bajo condiciones de oferta pública y supervisión de la CNV. Al ser electrónicos, se emiten y transfieren de forma digital, lo que agiliza su operatoria, y al ser “a la vista” permiten su cobro según las condiciones pactadas, generalmente en plazos cortos. Cuando están ajustados por Badlar, su rendimiento se vincula a esa tasa de referencia bancaria, alineando el retorno con las condiciones del sistema financiero.

El cine argentino buscó formas alternativas de financiamiento en distintos momentos de su historia reciente. En 2008, siguiendo modelos utilizados en Estados Unidos, se estructuró Cinear (no relacionado con la plataforma del Incaa lanzada varios años después), destinado a financiar dos películas argentinas, Motivos para no enamorarse y Música de espera. La iniciativa implicó una oferta pública por el equivalente al costo total de ambos films, y fue impulsada mediante un joint venture integrado por cinco compañías locales: Alta Definición, Film Suez, Cinecolor, Distribution Company y Burman Dubcovsky, que se unieron por iniciativa de la sociedad de bolsa Cohen. El esquema permitió captar aportes de inversores individuales, quienes percibían un rendimiento mensual fijo sobre el capital y, una vez cancelados capital e intereses, accedían además al 50% de los ingresos generados por las películas.





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