Matilde Ana María Noble Mitre de Saguier Pociello falleció el sábado 24 de enero en su domicilio de la Ciudad de Buenos Aires. Había nacido en esta misma ciudad el 27 de marzo de 1939.

Era bisnieta de Bartolomé Mitre y Vedia, director del diario La Nación entre 1885 y 1894, el mayor de los hijos varones de Bartolomé Mitre, presidente de la Argentina, gobernador de Buenos Aires y fundador del diario. Era, por lo tanto, tataranieta del prócer de la organización nacional.

Fue hija única de Julio Argentino Noble, hermano de Roberto -creador de Clarín- y destacado dirigente del Partido Demócrata Progresista (PDP) de Lisandro de la Torre, de quien fue uno de los principales confidentes. Fue diputado nacional en los periodos 1932-1934 y 1938-1942, candidato a senador nacional por la Capital Federal en 1946 e integrante de la Junta Consultiva Nacional, creada por la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, entre 1955 y 1958. Durante los años de los gobiernos filonazis de Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell, y luego durante el de Juan Perón, estuvo exiliado en la República Oriental del Uruguay.

Julio Noble -de quien se conserva el registro fílmico de un discurso durante un acto de la Alianza Demócrata Socialista de 1931- se desempeñó también como periodista, siendo jefe de la sección de deportes de La Nación durante finales de la década de 1910 y principios de la de 1920, donde había comenzado como cronista y donde conoció a su esposa, María Elena Mitre, hija única de Luis Mitre, a su vez único hijo de Bartolomé Mitre y Vedia.



Matilde Noble se casó con Julio César Saguier Pociello a los 20 años. Abogado, «mundano, clubman de vitalidad efusiva» –según lo describió José Claudio Escribano-, docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en la cátedra de finanzas e impuestos.

Saguier, hijo del médico paraguayo Julio César Saguier Gondra y de la porteña María Josefa Eugenia Pociello Argerich, fue dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR), lo que lo llevó a convertirse en intendente de la Ciudad de Buenos Aires desde el 10 de diciembre de 1983 hasta el 13 de enero de 1987, fecha en la que falleció, con sólo 51 años. Ocupó el cargo por designación del presidente Raúl Alfonsín (cuando los alcaldes porteños no eran electos por el voto popular sino a propuesta del primer mandatario). Anteriormente, había sido electo concejal de la ciudad, cargo que ejerció entre 1973 y el golpe de estado del 24 de marzo de 1976.

Matilde fue una católica devota. Estudió en el colegio Mallinckrodt, de las hermanas alemanas de la congregación dominica de Santa Catalina de Siena, y se graduó en Acompañamiento Espiritual en el Centro Santa María. Fue madre de seis hijos -Julio César, Alejandro Julio, Fernán Julio Martín, Luis María Julio, Matilde Florencia y María Luz- y abuela de dieciocho nietos. Participaba de las actividades del templo de Santa Catalina, a cargo del padre Rafael Braun, fallecido en 2017, donde era integrante de un grupo de oración.

Desde hacía 30 años era la principal accionista de la sociedad editora de La Nación, cuyo directorio integró. Acompañó los procesos de transformación tecnológica y de expansión empresarial del diario que impulsaron sus hijos, a quienes puso a comandar la compañía. La empresa controlante de la mayoría accionaria de La Nación lleva las siglas de su nombre: MNMS Holding SA. Su fe católica no impidió que el diario, históricamente liberal en lo económico y conservador en las costumbres, mutara a un creciente progresismo en este último campo. No sin una dura y pública puja entre las páginas del periódico y la de su columna editorial.


Fuente: Cederflaw

La despedida formal en las páginas de La Nación estuvo a cargo de Escribano, cronista, periodoista y jefe de la redacción del diario durante 60 años y la autoridad sobre la que los Saguier se basaron para la toma de control de la Redacción -un «organismo» distinto de la empresa-, concretado en 1995 tras un año de gestiones. El obituario firmado por Escribano, con detalles de la personalidad de Noble Mitre, fue prácticamente la única fuente de las crónicas que se redactaron sobre la noticia del fallecimiento.

«Dedicó esencialmente su vida a su familia y a cultivar el valor de la amistad. Fue por sobre todo una mujer generosa y de buen corazón, que tendió puentes con todos aquellos que la trataron. Y se desvivió por el prójimo», la definió Escribano. «Jugó al tenis, al golf, al bridge e inició en su juventud estudios de enfermería en consonancia con su perfil humano. Entre tantos hábitos firmes, reservaba enero para viajar a Mar del Plata, donde era un clásico verla en el Ocean Club, y febrero para el campo [la estancia Santa Matilde, de Pearson, a 50 kilómetros de Pergamino], siempre rodeada de hijos y nietos» (…) Hablaba francés y, mejor aún, inglés. Lo había aprendido en el hogar paterno de una institutriz irlandesa, miss Lucy Gaynor, que cuidó de ella desde el nacimiento, y más tarde, cuidó de su madre y de sus hijos», detalló.

A principios de los 90, la sociedad editora de La Nación tenía decenas de accionistas y muchos conflictos. Matilde Noble tenía el 17%, los Mitre sumaban el 20,56%, Abella el 8% y el resto se repartía en numerosos fragmentos. Ante un pronóstico empresario desalentador, los hijos le propusieron a su madre buscar la toma de control o salir de la sociedad vendiendo sus acciones.

«Claudio, en esta aventura, ¿contamos con vos?», le preguntó Julio Saguier (h) a Escribano cuando avanzaban las negociaciones para la toma de control, según se cuenta en la nada condescendiente biografía autorizada de este último, a cargo de los ex periodistas del mismo periódico, Hugo Caligaris y Encarnación Ezcurra.

En efecto, en 1995, la viuda de Saguier ejecutó junto a sus hijos una estrategia para quedarse con el control de la Sociedad Anónima La Nación. Hasta entonces, todos ellos estaban más bien alejados del día a día de la empresa: Julio César (h) era un abogado de 34 años empleado del un estudio, Luis -con 27 años- era ingeniero en una tabacalera, Alejandro administraba el campo familiar, Fernán era corresponsal del diario en Washington, Florencia aún no estaba vinculada con la Fundación La Nación -a la que llegaría tiempo después- y María Luz seguía en el colegio. Escribano, que era secretario general de redacción, se convirtió en subdirector en mayo del 95, cargo del que se retiró en diciembre de 2005.

El diario estaba a cargo de Bartolomé Luis Mitre -Bartolito- desde 1982, quien según la biografía de Escribano «había suscitado la irritación de pequeños accionistas con un trato arrogante y la escasa distribución de dividendos». Esas desaveniencias se profundizaron «cuando se encontraron pruebas de que el director del diario se había comprado una casa en la calle Juez Tedín, en Palermo Chico, con fondos de la empresa», según cuentan Caligaris y Ezcurra.

Desde que tomó el control, al comprar las acciones en propiedad de otras ramas de la familia Mitre, el manejo de la empresa estuvo a cargo de varios de ellos, en especial los varones: Julio, Luis, Alejandro y Fernán. Este último es el director del diario desde 2020, cuando sucedió a Bartolomé Mitre, primo de su madre que figuró como director desde 1995 pero sin ninguna intervención en la empresa ni tampoco en la redacción desde que quedó relegado de la conducción de la firma.

«Se dice que, para comprar el paquete, los Saguier obtuvieron en el exterior un préstamo de 70 millones de dólares», cuentan los biógrafos de Escribano, que es el autor oficial de las necrológicas de La Nación porque también escribió la de Mitre, de quien dijo: «Con la muerte del doctor Bartolomé Luis Mitre (…) se cierra para La Nación el ciclo de más de un siglo y medio en el que cinco generaciones de una misma familia estamparon el apellido Mitre en la dirección del diario».

Otras fuentes indican que aquel préstamo, del Clariden Bank, brazo de banca privada del Credit Suisse, ascendió sólo a US$ 40 millones.

Sobre el papel de Matilde Noblre en el directorio de La Nación, Escribano sostuvo: «Caso en un sentido curioso, pues nadie supo que hubiera impartido, al menos por una vez, orden alguna, o hecho una queja o indicado imperativamente un rumbo. Y, sin embargo, su sola presencia como un integrante más del directorio de SA La Nación, en el que tienen asiento la mayoría de sus hijos, obraba como reafirmación de que ese cuerpo conformaba, que ese cuerpo es y continuará siendo la representación cabal, extendida sin interrupciones en el tiempo, de la institución que Mitre legó a la familia y a la cultura periodística del país hace 156 años».

Matilde de Saguier fue contemporánea de su concuñada Ernestina Herrera de Noble, viuda de Roberto Noble, con la que, al parecer, no tuvieron demasiado contacto. A vista de simples observadores, aunque ambas fueron dueñas de medios, tuvieron perfiles muy distintos, relativamente alto en el caso de la propietaria de Clarín -que a pesar de confiar la gestión en Héctor Magnetto y sus socios, siempre participó de los aniversarios y otros eventos públicos de la empresa- y extremadamente bajo en el caso de la dueña de La Nación -que confió la gestión del diario en sus hijos, aún muy jóvenes cuando asumieron el liderazgo-. Fue una época de dueñas de medios si se considera que, durante algunos años, a ese dúo se le sumó Amalia Lacroze de Fortabat, que compró el diario La Prensa en 1991 y lo vendió en 1999.

Los primeros avisos fúnebres que se publicaron -una práctica crecientemente en desuso- confirman el duelo de ambas familias, la de La Nación y la de Clarín. Por el lado del diario centenario, fue despedida, además de por sus hijos y respectivas parejas, «Julio y María, Alejandro y Daniela; Fernán y Pamela; Luis y Momi; Flori y Mica; Luz y Nacho», por «Héctor Magnetto y su familia», «José Antonio Aranda y su familia», «Lucio Rafael Pagliaro y su familia», «Marcela Noble Herrera, Javier Molina y su familia», «Felipe Noble Herrera, Vanesa Defranceschi Sadi de Noble Herrera y sus hijos», «los accionistas y el directorio del grupo Clarín», «Héctor Aranda» y «la dirección ejecutiva de SA La Nación: Francisco Seghezzo, Marcelo Sajaroff, Analía Doro, Bachi Marques Peña, Lorena Artal, José Del Río, Guido Nazzaro, Pato Sosa, Javier Casas, Vicky Blüthgen Aldo De Cesare, Norberto Frigerio y Dolores Mitre», entre otros. En el caso de los avisos fúnebres de Clarín, donde también se parafraseó el obituario de Escribano, se repitieron los mensajes de los accionistas y directores de ese medio y sus familias: Magnetto, Aranda, Pagliaro, y los hijos de Ernestina, Marcela y Felipe y parejas.



Siempre se vinculó el poder de fuego financiero de la familia Saguier Pociello-Noble Mitre para la compra de las acciones a algún tipo de ayuda de «los primos» de Clarín (así se llamaba en su momento al diario de la calle Tacuarí en la redacción de La Nación: los primos).

Fueron los años en los que la propiedad de Página 12 se atribuyó a Clarín -algo nunca reconocido por la empresa- y el surgimiento del CEI Citicorp Equity Investment, un fondo liderado por Richard Handley y Raúl Moneta, que intentó con todas las armas quedarse con La Nación. Actualmente casi nadie recuerda al CEI, que fue el mayor grupo de medios de comunicación de la historia democrática argentina, armado para sostener públicamente la camapaña para una segunda reelección de Carlos Menem, algo que no se concretó. Fue también el mayor desafío para el grupo Clarín, tal como se desprende del libro encargado por Magnetto a José Ignacio López: El hombre de Clarín.

El mayor enemigo de los Saguier fue precisamente Moneta, que aprovechó la crisis de la salida de la convertibilidad en 2001, que encontró a La Nación con una deuda en el exterior por 143 millones de dólares -según Martín Sivak, autor de Clarín, la era Magnetto-, originado en la compra del terreno y las rotativas de la planta impresora de Barracas -cerrada enero de 2019-. De hecho, el 28 de diciembre de 2001, la empresa editora se declaró en default de su deuda.

Desde su pasquín El Guardián, Moneta realizó una campaña hostíl contra el diario y, en especial contra los Saguier. Moneta -banquero, empresario y operador judicial de los 90- murió el 6 de junio de 2019 a los 74 años, tras luchar durante varios años contra una grave enfermedad del cerebro.

Para salir de la deuda, según la versión atribuida a la empesa por Sivak, La Nación malvendió un edificio -que sería el de Puerto Madero donde hoy se levanta la torre Bouchard-, usó dinero de caja, colocó publicidad a futuro y recibió ayuda financiera, en 2007, de tres angels: Stephan Schmidheiny, Paolo Rocca y Carlos y Cristina Miguens. En el mercado -siempre según Sivak- se da por cierto que Clarín actuó como angel oculto aunque «sus accionistas y los de La Nación lo desmintieron».

Las publicaciones de El Guardián de Moneta terminaron en una denuncia contra Matilde y sus hijos por presunto lavado de dinero y opacidad societaria -por la estrutura off shore de la firma controlante-, que motivaron una investigación de la jueza María Romilda Servini de Cubría que terminó archivada. Esa pesquisa incluyó un allanamiento a la sede del diario en 2003.

Poco tiempo después, en 2007, impulsada por la AFIP kirchnerista, Noble Mitre fue acusada de evasión fiscal simple por la manera en la que el diario distribuyó dividendos. Tras un procesamiento de primera instancia en la justicia en lo penal económico, la Cámara revocó el criterio acusatorio y concluyó que la modalidad no configuraba delito, dejando sin efecto el procesamiento, cerrando la causa y configurando lo que para algunas interpretaciones es un leading case.

La pérdida de su madre, además del duelo personal y familiar, implicará también para sus hijos el desafío de no repetir la historia de la empresa: volver a empezar en cada sucesión. De hecho, aún perduran los ecos de hace tres décadas con los vigentes reclamos de la actriz Esmeralda Mitre, hija de Bartolito, el anterior presidente de la sociedad, a quien se atribuye el control del 20% de las acciones de SA La Nación a través de KMB SA. Esmeralda nació en 1982, el año en la que su padre tomó control de la compañía que manejaría hasta 1995.

La actriz no es la única heredera de esa porción minoritaria. Bartolomé Luis se casó tres veces y tuvo cinco hijos: tres con su primera esposa, Dolores González Álzaga: Dolores -integrante del actual management del diario con los Saguier-, Rosario y Bartolomé; una hija, la propia Esmeralda, con su segunda esposa, Blanca Isabel Álvarez de Toledo; y otro varón, Santos, con la modelo y presentadora Nequi Galotti, con quien se casó en 2011.



La historia de un diario de 156 años, siempre en manos de alguna rama de una misma familia, en un país de poco más de 200 es necesariamente rica, está llena de viscisitudes y de cruces con la propia historia institucional de la nación. Con la muerte de la matriarca Noble Mitre de Saguier podría estar iniciándose un nuevo capítulo de ese recorrido.

El Grupo La Nación opera hoy como un multimedio diversificado que combina medios informativos y negocios complementarios: edita el diario La Nación en sus versiones impresa y digital (lanacion.com.ar), controla el canal de noticias La Nación+, la emisora La Nación Más Radio (FM 104.9) y mantiene un portafolio de revistas -entre ellas Ohlalá, Rolling Stone Argentina, Living, Brando, Lugares y ¡Hola! Argentina-; a ese núcleo editorial se suman líneas de negocio no periodísticas como Club La Nación (programa de beneficios), Exponenciar (organización de ferias y exposiciones en sociedad con el grupo Clarín), Buenos Aires Arena, operadora del estadio Movistar Arena, y una participación minoritaria en Papel Prensa (también en sociedad con Clarín).

Matilde Ana María Noble Mitre de Saguier Pociello fue inhumada el lunes 26 de enero en el cementerio Jardín de Paz, en Pilar.

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