El inicio del ciclo lectivo 2026 viene con el endurecimiento de las restricciones al uso del celular en las escuelas, tanto en el aula como en espacios recreativos entre las clases. El gobierno de la ciudad extendió la prohibición al nivel secundario que ya regía desde 2024 para los niveles inferiores, la provincia comienza a aplicar la ley de pantallas en las escuelas aprobada el año pasado y escuelas de referencia, como ORT, también ampliaron las restricciones.
Estas medidas encontraron un apoyo explícito y sin matices del empresario Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre, la mayor empresa tecnológica de América Latina. “Hay que prohibir los celulares en las escuelas”, escribió en X el empresario al comentar el debate sobre regulaciones educativas. Galperín se sumó así a la lista de visionarios digitales que adhieren a las limitaciones al uso del celular en edades tempranas, en especial en contextos educativos.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue una de las primeras jurisdicciones argentinas en regular el uso de celulares en las escuelas. En agosto de 2024, el Ministerio de Educación local publicó la Resolución 2075, que estableció pautas para el uso de dispositivos digitales personales en establecimientos educativos públicos y privados durante el horario escolar.
La norma estableció que:
- En nivel inicial y primario, los estudiantes no pueden usar celulares durante las clases ni en los recreos.
- En nivel secundario, los dispositivos deben permanecer guardados durante el dictado de clases y solo pueden utilizarse cuando el docente lo autoriza con fines pedagógicos.
Este año, el Ministerio de Educación de la Ciudad, a cargo de Mercedes Miguel, extendió la prohibición total también en el secundario y, sin vueltas, usa la expresión “aulas libres de celulares” para referirse a la limitación. Las políticas públicas porteñas combinan restricciones a las pantallas con estrategias de adopción de tecnologías digitales clave, como la inteligencia artificial generativa.
Paralelamente, en la Provincia de Buenos Aires, se está instrumentando este año la ley 15.534, aprobada en 2025, que -con una redacción simple y breve- prohíbe el uso de celulares y otros dispositivos con pantalla en las escuelas primarias. La norma refuerza un esquema previo establecido por la Resolución 778/2016 de la Dirección General de Cultura y Educación, que ya había previsto que los dispositivos móviles podían utilizarse sólo como herramienta pedagógica planificada por el docente.
Otras jurisdicciones también adoptaron regulaciones. La Provincia de Neuquén aprobó en 2025 la Ley 3520, que prohíbe el uso de celulares en nivel inicial y primario durante toda la jornada escolar y permite su utilización en nivel secundario únicamente con autorización docente para actividades pedagógicas. En Salta, la Ley 8474, de 2024, establece la prohibición del uso de celulares en nivel inicial y autoriza su utilización en primaria sólo con fines pedagógicos. En Mendoza, con una redacción menos restrictiva, la Ley 9611, de 2025, regula el uso de dispositivos móviles en las escuelas y establece que su utilización debe estar vinculada a actividades pedagógicas definidas por las instituciones educativas.
En general, las normas empoderan a los docentes para administrar el uso de los dispositivos en el aula y deben ser complementadas con estrategias y tácticas específicas para
El caso del colegio ORT y otras escuelas
Al mismo tiempo, varias instituciones educativas privadas revisaron sus reglamentos internos. Entre ellas aparece el colegio ORT, uno de los establecimientos secundarios tecnológicos más reconocidos de la Ciudad de Buenos Aires, que reforzó su política de restricción del uso de celulares dentro del aula para el ciclo lectivo 2026. La institución estableció controles más estrictos para evitar su utilización durante las clases, salvo cuando exista una indicación pedagógica específica del docente.
A nivel institucional, varios colegios comenzaron a extender estas restricciones también a recreos y espacios comunes. Entre los casos citados por autoridades educativas aparecen el colegio ORT y el Salvador en la Ciudad de Buenos Aires, el San Luis Gonzaga en Mendoza y el Corazón de María en Córdoba, que limitaron el uso de dispositivos personales durante toda la jornada escolar. Las decisiones se apoyan en preocupaciones vinculadas al impacto en la socialización entre estudiantes y al crecimiento de fenómenos como las apuestas online entre menores.
En algunas ciudades las medidas incluyen incluso el retiro físico de los teléfonos al ingresar al establecimiento. En San Juan y Mar del Plata, escuelas como Don Bosco y Santo Tomás adoptaron sistemas de guardado o entrega de celulares al inicio de la jornada escolar con el objetivo de recuperar el foco pedagógico y reducir la dependencia digital de los estudiantes.
Según los propios alumnos, un elemento de distracción
La presencia permanente de teléfonos inteligentes en el aula se convirtió en un problema creciente para los sistemas educativos. Según el Global Education Monitoring Report de Unesco, incluso tener un smartphone cerca -con notificaciones activas- puede interrumpir la concentración del estudiante, y distintos estudios citados por esa organización indican que pueden pasar 20 minutos hasta recuperar el foco en una tarea después de una interrupción digital.
La organización también advierte que el uso excesivo de tecnología digital puede afectar el rendimiento educativo y recomienda limitar los smartphones en la escuela cuando no tengan un propósito pedagógico claro.
En ese contexto, gobiernos y colegios -con el apoyo público de destacados referentes del sector tecnológico- comenzaron a endurecer las políticas para restringir el uso de celulares durante la jornada escolar.
Según relevamientos realizados en distintos lugares del mundo por organizaciones confiables, son los propios estudiantes quienes afirman mayoritariamente que el celular es un elemento de distracción. Una encuesta de Common Sense Media encontró que el 51% de los alumnos reconoce que se distrae con el celular durante las clases y que más de un tercio revisa el teléfono cinco o más veces por clase. El Pew Research Center reportó además que el 65% de los adolescentes considera que los teléfonos móviles distraen a los estudiantes en el aula.
En Argentina, las conclusiones son similares. Un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación basado en las pruebas PISA 2022 muestra que el 54% de los alumnos de 15 años reconoce que se distrae en clase con dispositivos digitales y que el 46% se distrae por el uso que hacen otros compañeros. En la ciudad, un relevamiento del Ministerio de Educación realizado en 50 escuelas secundarias después de la regulación de celulares de 2024 indicó que el 57% de los estudiantes afirma prestar más atención en clase desde que se restringió su uso.
El endurecimiento de estas políticas forma parte de un movimiento internacional. El informe de monitoreo educativo de Unesco advierte que menos de una cuarta parte de los países del mundo había adoptado prohibiciones totales o parciales del uso de smartphones en las escuelas, aunque la tendencia está creciendo.
En Europa, países como Francia, Italia, España y Finlandia adoptaron restricciones al uso de celulares en el aula o durante la jornada escolar. En Estados Unidos, varios estados y distritos escolares también implementaron prohibiciones o sistemas de guardado obligatorio de los dispositivos.
Guerra por la atención: la batalla de la escuela
La guerra por la atención describe la competencia entre plataformas digitales, redes sociales, apps, videojuegos y otros servicios por captar y retener el tiempo y la concentración de las personas. El concepto se vincula con la economía de la atención, formulada por el economista Herbert A. Simon, quien advirtió -ya en los años 70- que la abundancia de información genera escasez de atención.
Aunque la guerra se libra en muchos ámbitos -la familia, las empresas, el Estado, las relaciones personales, etc-, en la educación está siendo especialmente encarnizada y refiere a la competencia entre el aula y los dispositivos digitales por el foco de los estudiantes. Mientras la escuela intenta sostener la concentración durante la clase, los celulares y las aplicaciones compiten por ese tiempo mediante notificaciones, mensajes y contenidos.


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