La carrera por los derechos audiovisuales del Mundial 2026 empezó a redefinir el mapa de distribución global del deporte en vivo, con una creciente centralidad de las plataformas digitales. En Sudamérica hispanoparlante, The Walt Disney Company cerró un acuerdo para que su señal deportiva ESPN transmita 30 partidos del torneo exclusivamente a través de Disney+, en su plan Premium, marcando un cambio relevante en la forma de acceso al principal evento deportivo del mundo.
El paquete incluye 22 partidos de la fase de grupos, dos de 32avos de final, dos de octavos, un cruce de cuartos, las dos semifinales y la final. La oferta estará disponible en Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay, Chile, Perú y Venezuela, con una programación adaptada a cada mercado para asegurar la emisión de los partidos de las selecciones locales cuando estén clasificadas.
Se trata de la primera vez que ESPN transmite en vivo partidos de una Copa del Mundo en esta región, en un esquema que combina sublicencias -negociadas con la productora Torneos, controlada por el Grupo Werthein- con distribución directa en OTT. En paralelo, la exclusividad total de los 104 partidos seguirá en manos de DSports (DirecTV), lo que consolida un modelo fragmentado entre operadores tradicionales y plataformas digitales.
DirecTV también explotará al máximo su plataforma digital DGO, que funcionará como la extensión digital del ecosistema de DirecTV para el Mundial 2026, replicando en streaming la oferta completa de su señal deportiva DSports. En la práctica, DGO transmitirá los 104 partidos en vivo del torneo -incluidos inauguración, semifinales y final- a través de los canales lineales de DSports integrados en la plataforma, accesibles desde smart TV, celulares o computadoras.
El modelo incluye además exclusividad parcial: entre 70 y 73 partidos sólo podrán verse dentro del ecosistema DirecTV/DGO, lo que posiciona a la plataforma como el principal hub pago del Mundial en la región. A nivel de experiencia, DGO agregará capas propias del streaming: acceso multidispositivo, posibilidad de ver en simultáneo en varios equipos y consumo fuera del hogar, manteniendo la lógica de TV en vivo pero distribuida por internet.
El movimiento de ESPN y DGO no es aislado. La FIFA viene impulsando una estrategia de distribución global que combina broadcasters históricos con nuevos socios tecnológicos. En Asia, por ejemplo, los derechos fueron adjudicados a una combinación de operadores tradicionales y digitales -como Dentsu en Japón, PCCW en Hong Kong o Mediacorp en Singapur- con el objetivo explícito de ampliar el alcance multiplataforma del torneo.
En Europa, la tendencia también apunta a modelos híbridos: en España, plataformas como DAZN articulan la distribución del torneo tanto en servicios OTT como a través de operadores convergentes como Movistar Plus+ y Orange TV, que ofrecerán los 104 partidos dentro de sus paquetes. En África subsahariana, los derechos fueron renovados con el grupo New World TV, mientras que en mercados como Vietnam o Corea del Sur también se consolidan acuerdos locales con broadcasters y plataformas digitales.
A esto se suma el avance de las big tech. YouTube firmó un acuerdo con FIFA para convertirse en una de las principales ventanas digitales del torneo, con contenido en vivo parcial, resúmenes y formatos exclusivos pensados para audiencias jóvenes. Incluso la propia FIFA avanza en su ecosistema directo al consumidor con FIFA+, relanzada en alianza con DAZN como hub global de contenidos y transmisiones.
El resultado es un escenario cada vez más atomizado: TV abierta, cable, satélite, OTT y plataformas digitales conviven en la explotación de un mismo evento. En Argentina, por ejemplo, la TV Pública tendrá los partidos de la selección, mientras que el acceso al resto del torneo dependerá en gran medida de suscripciones pagas.
Con 104 partidos -el máximo histórico- y una expansión a 48 selecciones, el Mundial 2026 no solo será el más grande en lo deportivo, sino también el más distribuido en términos audiovisuales. La competencia ya no es sólo entre canales, sino entre ecosistemas: telcos, plataformas globales, broadcasters y big tech disputan audiencias, datos y modelos de negocio en tiempo real.
El pasaje del Mundial 2026 a un ecosistema dominado por plataformas digitales introduce un problema técnico nuevo: la pérdida de simultaneidad, algo que ya venía ocurriendo en la convivencia de la TV abierta, el cable analógico, el cable digital y la TV directa al hogar por satélite. A diferencia de la TV lineal, donde la señal llegaba con mínimas diferencias, el streaming opera con latencias variables según la conexión, el dispositivo, el buffering y la red de distribución. Plataformas como Disney+ o YouTube pueden mostrar el mismo gol con decenas de segundos de diferencia entre usuarios, incluso dentro de una misma ciudad.
A esto se suma la fragmentación de derechos y señales -con operadores como DirecTV, TV abierta y múltiples OTT- y el uso intensivo de segundas pantallas. Redes sociales y mensajería amplifican el efecto “spoiler” en tiempo real, mientras que funciones propias del streaming (pausar, retroceder) rompen definitivamente la experiencia sincronizada. El resultado es un consumo más personalizado pero menos colectivo: el “grito de gol” deja de ser simultáneo y pasa a ser escalonado.

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