Un mapa, una tabla y un caso testigo del impacto de la desregulación que impulsa el gobierno del presidente Javier Milei.

El mapa, elaborado por el equipo del secretario de Innovación, CIencia y Tecnología, Diego Genua, fue incluido por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, en Carmen Reinhart Lecture de la Latin American and Caribbean Economic Association (LACEA) -de principios de 2025- y recogido en el documento de trabajo 379, titulado Deregulation: from Theory to Practice, de la Red Nacional de Investigadores en Economía RedNIE.

Ese mapa muestra el antes y después de la decisión del gobierno nacional de desregular la Internet satelital y es la evidencia visible del crecimiento de Starlink en la Argentina, donde en un año y medio (al momento de la conferencia de Sturznegger) logró convertirse en el cuarto proveedor de acceso a la red, detrás de la fusión Telecom/Movistar, Claro y Telecentro, que ofrecen conectividad móvil y fija.

Con unos 700.000 usuarios, el servicio ya supera en clientes a proveedores medianos tradicionales como Gigared -que opera en las ciudades costeras del Río Paraná-, Teledifusora SA -de la familia Bandiera, dueños históricos de la TV por cable en Rosario, Santiago del Estero y Salta- y Arlink -razón social de Super, ex Supercanal, cuyo último dueño conocido es el empresario tucumano Facundo PRado-.

La tabla, difundida por las redes por usuarios que suelen impulsar la comunicación oficial, muestra precisamente ese ranking, tomado del relevamiento on line realizado por APNIC Labs, el ala de investigación y mediciones del Centro de Información de Redes del Asia-Pacífico (APNIC, por sus siglas en inglés), que releva ASN o Número de Sistema Autónomo, identificador numérico único que designa a un grupo grande de redes IP. Aunque los números on line y los que muestra la tabla, difieren levemente.



Para la corporación satelital, propiedad del magnate Elon Musk, la Argentina representa casi el 8% del total de clientes, que a finales de 2025 fueron en total unos 9 millones.

Así explicó Sturzenegger el impacto:

«Argentina es un país vasto y poco poblado: si lo colocas sobre Europa se extiende desde Portugal hasta Estonia, pero con apenas unos 47 millones de habitantes. Para una geografía de este tipo, el internet satelital es una tecnología obvia; sin embargo, hasta hace poco los servicios de internet satelital estaban prohibidos. La razón fue sencilla: un gran proveedor local de internet —parte de un poderoso conglomerado de medios— encontró más rentable presionar por una prohibición al internet satelital que competir con él. El gobierno incluso creó una empresa estatal para tender fibra óptica en todo el país, gastando alrededor de 7 mil millones de dólares de los contribuyentes en un proyecto que nunca podría cubrir de forma realista cada rincón rural remoto.

«En diez días tras asumir el cargo, el presidente Javier Milei emitió un decreto de desregulación de gran alcance (Decreto 70/23). Entre sus muchas cláusulas, una simplemente abrió el mercado para el internet satelital. En cuestión de semanas, varias empresas -más notablemente Starlink- comenzaron a ofrecer servicio.

«Lo que se había presentado como un problema técnico o de seguridad resultó ser, en la práctica, la defensa de una renta regulatoria.«

Para el gobierno, el de Starlink es un potente caso testigo del impacto de sus políticas desregulatorias. Aunque Sturzenegger parece referirse a Telecom y al grupo Clarín («poderoso conglomerado de medios«), aunque sin mencionarlo, como principal impulsor de las restricciones a la Internet satelital, ese operador no es el más afectado por la competencia de Starlink, cuya actividad preocupa más a ISP pequeños y medianos, hasta ahora principales actores de la internet rural con tecnología inalámbrica terrestre.

Starlink -que se lanzó en Argentina en marzo de 2024- opera unos 9400 satélites de órbita baja (LEO) y sus servicios son relevantes en zonas de cobertura difícil, económicamente inviable o directamente imposible de cubrir con tecnológias fijas o móviles: el cielo (es el principal proveedor de acceso a Internet en las aerolíneas), el mar (cruceros y cargueros) y zonas vastas poco pobladas (países de territorio extenso como Estados Unidos, Canadá, Brasil o la Argentina). La empresa también es crecientemente competitiva para la conexión direct-to-cell que convierte los satélites LEO en torres de telefonía celular en el espacio.

La empresa estadounidense, que también juega roles geopolíticos dando acceso a Internet en países con gobiernos autoritarios que «apagan» Internet para coartar la libertad de expresión -como Irán- o en contextos de agresión -como Ucrania-, no es el único operador de internet satelital en la Argentina: también opera Orbith (orientado más hacia gobiernos y empresas) y este año se sumará DirecTV, que será revendedor y soporte técnico de Amazon Leo en varios países de América Latina.

En Argentina, como dato que confirma el entusiasmo oficial, el servicio está agotado en la formación Vaca Muerta, en el límite entra las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza.



Aunque pasaron varios meses de la conferencia de Sturzenegger, el mapa del paper cobró relevancia por la publicación del periodista Juan Manuel Telechea en la red X, reposteada por el ministro.


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