Fue en Venezuela donde nacieron las leyes de medios que luego se expandieron por la costa atlántica de la Patria Grande Latinoamericana: Argentina, Bolivia, Uruguay y Ecuador siguieron la lógica de considerar a los medios como partidos políticos opositores e intentaron controlarlos mediante artilugios legales que una década después están siendo corregidos o directamente derogados en todos los países donde se ensayaron, menos en Venezuela. Aquellas leyes implicaron novedosas formas de censura directa o indirecta sobre los medios de comunicación privados, muchos de los cuales fueron pasando a manos del Estado o de empresarios vinculados al poder chavista, dominado por las fuerzas armadas de ese país de las que provenía el propio Chávez.

 

 

Dos casos sirven para graficar esa realidad: el canal de televisión abierta Radio Caracas Televisión (RCTV), el más visto de venezuela, con fuertes audiencias tanto en sus contenidos de entretenimiento como en sus noticieros, fue expropiado. El argumento del gobierno fue la extinción de la licencia, pero ese argumento fue descartado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que en un fallo poco comentado por los impulsores de la regulación de medios ordenó al chavismo devolver la licencia a sus titulares, algo que finalmente nunca ocurrió. Pero no sólo eso: RCTV lanzó una señal de TV paga satelital que también fue prohibida por el régimen. El otro caso es el de Globovisión, una señal de noticias que adoptó una posición abiertamente crítica y que, acorralada, terminó vendida a empresarios moderados que muchos suponen cercanos al gobierno.

Las extensas y repetidas cadenas nacionales que anularon la comunicación social en muchos países del eje bolivariano fueron instauradas por el comandante Hugo Chávez, Dios lo tenga en su gloria, y continuadas por su sucesor, Nicolás Maduro, a imagen y semejanza de los discursos del primer comandante, el también fallecido Fidel Castro. Claro, en Cuba no hay medios privados y los públicos se limitan a un puñado de canales de difusión de la ideología gobernante. Además de extensas, aquellas cadenas chavistas comenzaban estratégicamente cuando los partidos opositores realizaban sus actos, convocatorias o tenían novedades que comunicar y, claro, no podían hacerlo al quedarse sin pantalla.

Las restricciones que sufren todos los venezolanos, que además de la crisis política viven una profunda crisis económica con la inflación más alta del mundo, múltiples tipos de cambio, y escasez de productos básicos, alcanza las importaciones de papel para diarios, muchos de los cuales acotaron el tamaño de sus ediciones o las descontinuaron algunos días. Cuando el régimen lo permitió, algunos diarios fueron auxiliados por otras empresas editoriales latinoamericanas con el envío de papel. Algo similar ocurre con la infraestructura de comunicaciones, que repara nuevas averías con partes de equipos en desuso. Escasos de divisas y con restricciones a la importación de equipamientos los proveedores de conectividad, movilidad y televisión paga hacen lo que pueden.

La persecución política no sólo alcanza a líderes opositores -incluso algunos próceres del propio chavismo que, al mejor estilo José Stalin, terminaron presos por impuros- sino que se extiende a líderes de opinión y periodistas. Esa persecución llegó hasta blogueros y tuiteros que terminaron detenidos en los últimos años por sus publicaciones en las redes sociales, medios que se convirtieron en un espacio de libertad y en los que Venezuela se posicionó como un país usuario intensivo, aún en el contexto de mala calidad de las comunicaciones.

Los servicios informativos extranjeros que podrían también ser una ventana a la libertad de los ciudadanos venezolanos han sido progresivamente prohibidos, y los distribuidores regionales de televisión satelital -además de los nacionales de cable- están permanentemente bajo la amenaza de ser expulsados del país si infringen esas restricciones. El canal colombiano de noticias NTN24 que había ocupado de alguna manera el lugar cedido por Globovisión fue prohibido, lo mismo ocurrió con CNN en español, y con el sitio argentino de noticias Infobae y más recientemente con la señal de Todo Noticias mientras transmitía un acto opositor.

Todo esto ocurre en el país de origen de uno de los grupos de medios más importantes de la región, el grupo Cisneros, del empresario Gustavo Cisneros -acusado en 2002 de participar del fallido golpe de estado contra Chávez-. Cisneros dejó la conducción de su empresa en manos de su hija Adriana en 2013 y vive ahora en los Estados Unidos pero, entre otros negocios, mantiene en Venezuela la propiedad de su emisora Venevisión, cuyos noticieros son tan ascéticos que parecen los de otro país. Su influencia no es política pero es muy potente y se basa en la licencia de MissVenezuela, un evento fundamental en la cultura del país caribeño.

Ayudanos a seguir pensando, buscando y elaborando información para conectar a la sociedad. Si valoras lo que hacemos....

Invitame un café en cafecito.app
Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Hacé tu comentario

Por si acaso, tu email no se mostrará ;)