La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos aprobó este jueves una de las reformas regulatorias más importantes para la industria audiovisual en más de dos décadas: eliminó el límite que impedía a una misma empresa controlar estaciones de televisión cuya audiencia conjunta superara el 39% de los hogares estadounidenses.
La decisión, aprobada por dos votos contra uno, reemplaza una regla vigente desde 2004 por un sistema de revisión caso por caso para futuras adquisiciones y fusiones. Votaron a favor el presidente de la FCC, Brendan Carr, y la comisionada Olivia Trusty, ambos republicanos designados por el presidente Donald Trump. En contra vitó la comisionada demócrata Anna M. Gomez.
El objetivo declarado por la FCC es adaptar la regulación de la televisión abierta a un mercado donde los principales competidores ya no son otras cadenas de televisión sino plataformas globales de streaming y video digital como Netflix, YouTube, Amazon Prime Video, TikTok y Meta.
La eliminación del tope llega en un momento clave para Nexstar Media Group, la mayor propietaria de estaciones de televisión local del país. La empresa busca cerrar la adquisición de su rival Tegna por US$ 6200 millones, una operación que sería la mayor consolidación en la historia de la televisión local estadounidense y que dejaría a la entidad combinada alcanzando al menos el 60% de los hogares con TV en el país -muy por encima del 39% que regía hasta ahora-.
Esa fusión, sin embargo, está actualmente frenada: un juez federal ordenó su suspensión luego de que ocho fiscales generales estatales presentaran una demanda antimonopolio para bloquearla. En marzo, antes de este fallo, la FCC ya había eximido puntualmente a la operación Nexstar-Tegna del límite del 39%, una decisión que Carr calificó entonces de «consistente con las facultades históricas de la FCC».
La eliminación definitiva del tope despeja ahora cualquier incertidumbre regulatoria para esa y otras operaciones similares, aunque el litigio antimonopolio en curso sigue siendo un obstáculo separado para el cierre de la fusión.
La televisión abierta compite hoy contra plataformas globales
La justificación central de la reforma es que el mercado audiovisual cambió por completo.
Cuando esa regla fue aprobada, en 2004 -cuando el Congreso elevó un límite previo del 35% fijado en los años 90-, Netflix todavía distribuía DVDs por correo, YouTube no existía y el primer iPhone tardaría tres años en llegar al mercado. La mayor parte del consumo audiovisual seguía concentrada en la televisión abierta y la TV paga.
Dos décadas después, el escenario es radicalmente distinto. Según Carr, mantener un límite exclusivamente para los propietarios de estaciones de televisión coloca a las emisoras tradicionales en una posición competitiva desfavorable.
«La limitación ya no restringe el poder de los grandes distribuidores nacionales; simplemente impide que las emisoras locales compitan en igualdad de condiciones», afirmó el funcionario. En un artículo publicado semanas antes de la votación en Breitbart, sostuvo además que las normas vigentes son «obsoletas».
Más allá del respaldo de los grandes grupos de televisión, la decisión enfrenta un desafío legal inminente. Free Press, una organización de defensa del consumidor, adelantó que demandará por lo que considera una «toma de poder ilegal» de la FCC. El argumento de fondo es que el tope del 39% fue establecido por una ley del Congreso y que Carr «no puede deshacerlo solo porque lo desee». Carr, por su parte, sostiene que la FCC sí cuenta con autoridad estatutaria para eliminarlo por su cuenta.
Los grandes grupos de televisión sostienen desde hace años que compiten por la misma audiencia y los mismos ingresos publicitarios que las plataformas digitales, pero bajo marcos regulatorios completamente diferentes. Mientras una empresa de televisión abierta necesitaba respetar límites de cobertura nacional para adquirir estaciones, compañías como YouTube, Netflix o Amazon pueden ofrecer sus servicios en todo el país -e incluso a escala global- sin restricciones equivalentes sobre el tamaño de su audiencia. La FCC considera que esa asimetría regulatoria terminó perjudicando a los radiodifusores tradicionales.

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