En una nueva edición del ciclo de entrevistas que realiza en su canal de YouTube, el semiólogo e investigador José Luis Fernández recibió a José Crettaz, autor de Convergencia de medios, del lenguaje natural a la inteligencia artificial (Convercom, 2025).
Al iniciar el diálogo, Fernández planteó un interrogante directo: en la academia actual, el término convergencia suele verse como una etapa superada, una moda conceptual del cambio de siglo. Sin embargo, Crettaz defendió la vigencia de su enfoque: «Efectivamente, la convergencia fue una moda académica a finales de los 90 y principios de los 2000. Pero el fenómeno continuó y lo que pasó es que se naturalizó. Nada de lo que estamos viendo ahora -la inteligencia artificial, las redes sociales, o la tecnología blockchain, por citar algunos casos- sería posible sin el fenómeno de la convergencia».
Para cimentar esta tesis, el autor rescata en su obra la figura de Ithiel de Sola Pool, un politólogo estadounidense clave en la segunda mitad del siglo XX, redescubierto en su momento por Henry Jenkins. De Sola Pool definía la convergencia como la progresiva desaparición de las fronteras entre los distintos modos o medios de comunicación. Crettaz destacó investigaciones tempranas de este pensador, como el impacto del teléfono de línea en la descentralización del management corporativo y la reconfiguración urbana de las grandes metrópolis, demostrando que la tecnología siempre ha moldeado las estructuras sociales por fuera del propio ecosistema de medios.
El periodismo: una cabeza textual en un mundo de datos
Uno de los tramos más agudos de la conversación giró en torno a la naturaleza del periodismo. Fernández señaló el sesgo de considerar la profesión informadora como un fenómeno puramente «verbal o literario», cuando desde la década de 1920 en Argentina los diarios ya eran plataformas visuales compuestas por fotografía, diseño y humor gráfico.
Crettaz coincidió en este diagnóstico y describió cómo esa inercia histórica afecta al presente: «El periodismo surgió como una profesión textual y sigue organizando sus rutinas de producción -e incluso la cabeza de los periodistas- bajo las características del texto, la linealidad y las limitaciones físicas de espacio, aún cuando hoy ya no existan».
A pesar de intentos por consolidar un periodismo audiovisual de profundidad (como el histórico formato 60 Minutes en Estados Unidos), el entrevistado advirtió que la matriz electrónica televisiva estuvo históricamente más volcada al entretenimiento para traccionar audiencias que a la construcción de un lenguaje informativo propio. Del mismo modo, corrientes contemporáneas como el periodismo de datos siguen ocupando un espacio muy acotado y segregado dentro de las redacciones: «Eso del Excel aplicado al periodismo se ve raro; no es narrativa tradicional y requiere de otras competencias», afirmó.
La tormenta perfecta: IA generativa y la pérdida de sintonía con las audiencias
Esta debilidad estructural de lo lectoescritural sitúa al periodismo en una posición de extrema vulnerabilidad ante el avance de la IA generativa. Para Crettaz, la profesión -que ya venía sufriendo el impacto tanto en materia laboral como en sus modelos de negocios porque la automatización no es nueva- verá acelerada la transformación por el despliegue de herramientas masivas de sustitución en la producción de contenidos estándar.
En su lectura del vaso medio lleno, este desplazamiento técnico debería liberar tiempo para que los profesionales se aboquen a tareas complejas que las máquinas no pueden replicar.
Apoyándose en el concepto de la rebelión del público de Martin Gurri, Crettaz analizó la desconexión actual entre las figuras públicas -políticos, artistas masivos y periodistas- y sus respectivas audiencias: «El periodista empieza a chocar con sus propias audiencias. No logra sintonizar. A veces se intenta recurrir al ‘periodismo de indignación’ para subirse a la queja social, pero ni siquiera así se termina de conectar».
La volatilidad de las industrias de plataformas acorta drásticamente el ciclo de vida de los liderazgos. El panorama se vuelve especialmente crítico al observar los indicadores globales de consumo: «Cuando uno mira los estudios de credibilidad, el indicador de gente que evita activamente las noticias está en niveles alarmantes. En el mundo está bastante mal, en América Latina peor, y en Argentina es terrible. La gente no cree mayormente en los profesionales periodísticos; el sector está a la par o por debajo de la política en términos de credibilidad».
Hacia el final del encuentro, ambos investigadores coincidieron en que el ecosistema informativo actual excede por completo los márgenes del campo periodístico profesional (como ocurre con el turismo o las recomendaciones comunitarias digitales).
Crettaz concluyó dejando abierta la puerta para una próxima investigación enfocada en la frontera actual del consumo: la convergencia en plataformas y de plataformas, el verdadero tejido conectivo donde hoy se disputan el sentido, las economías algorítmicas y las nuevas mediaciones culturales.

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