El 2 de abril a las 4 de la mañana, el medio británico de investigación openDemocracy, de línea editorial progresista, publicó en su web un artículo de la periodista uruguaya Diana Cariboni que se volvió una bomba para el sistema mediático argentino: «Fake authors, fake stories: Inside the Russian campaign to influence Argentina’s election».
El artículo se basó en una filtración de documentos internos rusos pertenecientes a una red de espionaje denominada La Compañía, vinculada al SVR, servicio de inteligencia exterior ruso, y a remanentes del Grupo Wagner, una organización paramilitar rusa que operó como brazo no oficial del Kremlin para proyectar su influencia en el extranjero.
Los documentos fueron obtenidos inicialmente por la revista sudafricana The Continent y compartidos con un consorcio internacional de investigación periodística que incluye a Dossier Center e iStories (Rusia), All Eyes on Wagner y Forbidden Stories (Francia) y Filtraleaks (Argentina) -dirigido por Santiago O’Donnell- y dos periodistas independientes de habla rusa.
Los medios europeos del consorcio vienen publicando artículos detallados basados en la filtración desde hace más de un mes sin que el gobierno ruso haya intentado desmentirlos o responder a ofrecimientos de derecho de réplica y sin que hasta ahora hayan tenido repercusión en la Argentina.
Equipo de investigación que trabajó los documebtos estuvo integrado por los periodistas Lydia Namubiru, Youri van der Weide, Sabrina Slipchenko, Emmanuel Freudenthal, Kiri Rupiah, Ira Dolinina, Léa Peruchon, Édouard Perrin, Katya Hakim, Diana Cariboni, Eloïse Layanand y Sofía Álvarez Jurado.
El artículo de openDemocracy detalló que, entre junio y octubre de 2024 y con un presupuesto de 283.000 dólares, La Compañía logró “inyectar” más de 250 artículos (noticias, análisis y opiniones) en más de 20 medios digitales, con el objetvo de desacreditar al gobierno de Javier Milei por su postura pro-Ucrania y pro-Estados Unidos. Los documentos (76 en total, más de 1400 páginas) incluyen planillas de gastos, perfiles falsos de autores (muchos generados por inteligencia artificial), tarifas por artículo (350 a 3100 dólares) y estrategias de influencia.
Los medios citados en la filtración como receptores de los artículos pagos por los rusos fueron: Infobae (2 artículos), Realpolitik (20), Ámbito (8), C5N (17), Diario Con Vos (37), El Destape (27), Big Bang News (16), Diario Registrado (26), A24 (10), Dos Bases (19), La Patriada Web (9), En Orsai (11), Sección Ciudad (5), El Ciudadano Web (6), Política Argentina (12), Tiempo Argentino (6), Grito del Sur (6), El Cronista (2), Infocielo (3), Data Clave (1), Agenda Urbana (2), Ciudadano Agro (1) y Contraste MDP (1). En tanto, las firmas de periodistas o especialistas ficticios más repetidos en las publicaciones fueron las Manuel Godsin, Gabriel di Taranto, Juan Carlos López y Marcelo Lopreiatto.
Según una investigación adicional, que profundiza en el caso argentino realizada por Filtraleaks y publicada casi en simultáneo, también aparecen nombrados en los documentos no menos de cincuenta cuentas en las redes sociales de Instagram, X y Youtube de influencers y medios digitales que figuran recibiendo aportes monetarios, así como cuatro pagos de 4000 dólares cada uno con sus respectivas fechas a título de “transmisión en la TV argentina”.
Según las fuentes consultadas por el consorcio, los contenidos y los respectivos pagos por publicarlos llegaron a través de intermediarios.

En diálogo con Radio Mitre, O’Donnell explicó el 3 de abril cómo se desarrolló la investigación. «Sigo habitualmente filtraciones a nivel global a través del sitio especializado Filtraleaks.com, y así llegué a este caso, que se origina en África a partir de una investigación del medio The Continent. Ese medio accedió a unas 1400 páginas de documentos vinculados a un grupo de espionaje ruso denominado The Company, asociado a estructuras que incluyen al Grupo Wagner y con conexiones con los servicios de inteligencia rusos. Según esa documentación, la red desarrolló campañas de influencia tanto en África como en América Latina, con el objetivo de incidir en procesos electorales y en agendas mediáticas, promoviendo posiciones favorables a Rusia y a sus aliados».
Continuó O’Donnell: «El caso tuvo un capítulo reciente en Bolivia, donde -según estas investigaciones- actores vinculados a esta red intervinieron en la disputa política entre Luis Arce y Evo Morales. A partir de esa cobertura surgieron también referencias a operaciones en Argentina. En ese contexto, tomé contacto con el consorcio internacional que trabajaba sobre la filtración para desarrollar la derivación local del caso. A partir de ese intercambio, accedí a los documentos y comencé a analizarlos».

«Lo que muestran es una campaña activa durante 2024, en la que distintos medios publicaron contenidos que pueden clasificarse como falsos, fabricados o tendenciosos, en un contexto en el que Argentina mantenía una posición alineada con Estados Unidos y Ucrania. Según los documentos, uno de los objetivos de la operación era erosionar ese alineamiento. Además, el material indica que estas acciones no se limitaron a 2024, sino que se intensificaron en 2025, en coincidencia con el calendario electoral argentino», explicó O’Donnell.
En el caso de Argentina, los documentos muestran que en abril de 2024 La Compañía lanzó una campaña mediática y política de seis meses para desacreditar al gobierno del presidente Javier Milei. En ese entonces la relación con el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, que estuvo presente en la inauguración de Milei, era clave para su política exterior. El presidente argentino seguía a rajatabla los lineamientos de Estados Unidos, que entonces era gobernado por el demócrata Joe Biden y estaba firmemente alineado con Kiev en la guerra contra Rusia. Tras la asunción de Donald Trump en enero de 2025 Estados Unidos se despegó de Ucrania y Argentina siguió su pasos. Entonces la campaña de desinformación rusa en Argentina perdió su principal objetivo y fue discontinuada.
La campaña argentina, según el análisis de los documentos realizado por Filtraleaks, además de criticar y descalificar al presidente y su gobierno con un mix de noticias verdaderas y falsas, consistió en fomentar divisiones internas dentro del oficialismo, apoyar a la oposición y alentar conflictos con países vecinos.
Además, la campaña incluyó la realización de encuestas, reuniones y sesiones informativas sobre partidos políticos y sindicatos, perfiles de líderes políticos y “entrevistas con expertos”, incluyendo “políticos peronistas, politólogos de la oposición y economistas ”.
También incluyó análisis del complejo militar-industrial argentino y los recursos petrolíferos en la Antártida, una campaña para promover proyectos de ley cuestionando y demandando información acerca de la adhesión de Argentina al Grupo de Contacto de Amigos de Ucrania y un plan para apoyar a los candidatos de la oposición en las elecciones legislativas de 2025.
Más aún, la documentación detalla, cuantifica y le pone precio a “una red para la distribución de contenidos mediáticos en los medios de comunicación argentinos y en el segmento local de las redes sociales”.
O’Donenll logró contextualizar en la campaña de propaganda una acción realizada en un partido de fútbol la Copa Argentina en agosto de 2024 en el estadio del club Independiente. En esa ocasión, barras bravas de Huracán, colgaron una bandera de veinte por dos metros en una de las cabeceras del estadio. El trapo llevaba la frase “Sí al fútbol, no a la guerra” con una bandera argentina en un extremo y en el otro, la de Ucrania tachada con una gran cruz negra. El gesto despertó algunas reacciones de sorpresa entre usuarios de redes sociales pero pasó mayormente desapercibido en Argentina.

Además de OpenDemocracy y Filtraleaks, la investigación también tuvo amplia cobertura inicial del sitio Chequeado, aunque llamativamente este último omitió expresamente mencionar al portal Infobae entre los medios mencionados en la filtración. Chequeado aclara que su publicación es «una versión editada de la original publicada por openDemocracy».
Una denuncia oficial que tuvo poca difusión
La revelación de la campaña de propaganda rusa en medios argentinos tiene algunos antecedentes que ahora cobran más sentido. El 18 de junio de 2025, el entonces vocero presidencial y ahora jefe de gabiente, Manuel Adorni, informó en una conferencia de prensa que el gobierno había denunciado la ingerencia rusa.
«Quiero comunicarles que la SIDE, la Secretaría de Inteligencia del Estado, encargada de proteger al Estado argentino y su población, detectó a un grupo de recidentes rusos en Argentina, que estarían realizando tareas sospechosas en favor de intereses geopolíticos de Rusia en estrecha colaboración con ciudadanos argentinos», sorprendió Adorni aquel día.
«La investigación reveló la existencia de una entidad relacionada al Gobierno ruso denominada La Compañía, vinculada también con el proyecto Lakhta, liderado por un oligarca ruso llamado Yevgueni Prigozhin -fallecido en agosto de 2023-. También se identificó a Lev Konstantinovich Andriashvili, ciudadano ruso radicado en nuestro país, como líder de la organización, encargado de recibir el financiamiento y promover vínculos con los colaboradores locales, junto a su esposa, Irina Yakovenko, ciudadana rusa radicada en la Argentina. La Compañía tiene por objetivo conformar un grupo de personas leales a los intereses de Rusia, para desarrollar campañas de desinformación e influencia contra el Estado argentino. Entre sus tareas se encuentran la creación y difusión de contenidos en redes sociales, la influencia sobre organizaciones civiles, fundaciones y ONG locales, el desarrollo de focus groups con ciudadanos nacionales y la obtención de información política para ser usada en favor de los intereses de Rusia. Argentina no será sometida a la influencia de ninguna otra nación», detalló en aquella oportunidad el actual jefe de gabinete.
El informe de Fopea sobre desinformación rusa
Más recientemente, en marzo de 2026, el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) difundió un informe sobre campañas de desinformación en el país y advirtió sobre el crecimiento de contenidos falsos en contextos electorales, la sofisticación tecnológica -incluyendo deepfakes- y la aparición de patrones compatibles con estrategias de influencia externa.
El capítulo 3 de ese informe, «Desinformación en Argentina y la participación de actores foráneos», identificó la participación de actores extranjeros en el ecosistema digital local, a partir del monitoreo de redes sociales como X. Allí se detectaron cuentas no radicadas en el país interactuando en debates políticos argentinos y difundiendo narrativas alineadas con intereses geopolíticos externos.
Como caso testigo, el informe documenta una campaña detectada en junio de 2025, en la que el programador y divulgador Maximiliano Firtman -coautor del informe de Fopea- recibió una propuesta paga para difundir un video con contenido político manipulado. El material, posteriormente replicado en varias cuentas, fue identificado como un deepfake construido a partir de imágenes reales, con un mensaje adaptado al contexto argentino y orientado a generar impacto local. La difusión estuvo acompañada por interacciones de cuentas sospechosas, muchas de ellas de origen extranjero, lo que sugiere mecanismos de amplificación artificial.
El documento también releva denuncias e investigaciones oficiales sobre posibles redes organizadas de influencia, vinculadas a intereses extranjeros, que incluirían financiamiento de contenidos, articulación con medios y uso de plataformas digitales para incidir en la opinión pública. El trabajo ya subrayaba prácticas como el uso de identidades falsas, la intermediación en la distribución de contenidos y la inserción de materiales en medios digitales.
Campanas-de-desinformacion-promovidas-desde-el-exterior.docx

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