¿Qué es una noticia? La respuesta, que durante décadas pareció relativamente sencilla, se volvió bastante más compleja con las redes sociales, los creadores de contenido, los podcasts, los videos breves y, más recientemente, las interfaces de inteligencia artificial.
En la Argentina ese cambio parece ser particularmente intenso. El 59% de los argentinos afirma que su propia definición de qué puede considerarse noticia cambió durante los últimos cinco años, la proporción más alta entre los seis países analizados en un nuevo estudio del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford, difundido también por el Observatorio de Medios de la Universidad Católica Argentina (UCA).
La investigación, publicada el 15 de septiembre, comparó a la Argentina con España, Estados Unidos, Japón, Noruega y Reino Unido. En los otros cuatro países occidentales analizados, entre aproximadamente el 40% y el 50% percibió un cambio en su definición de noticia, mientras que en Japón sólo lo hizo el 17%.
Pero el dato más significativo aparece cuando se observa en qué dirección cambió esa definición.
Argentina, el único país donde la definición ampliada supera a la tradicional
Los investigadores clasificaron a los encuestados en función de dos grandes maneras de entender las noticias. Una corresponde al núcleo tradicional: política, economía y asuntos públicos; periodistas y especialistas como productores; diarios, radio, televisión y sitios periodísticos como fuentes; y textos y videos de cierta extensión como formatos característicos.
La segunda categoría mantiene ese núcleo pero amplía sus fronteras. Puede incorporar como noticias temas como entretenimiento, videojuegos o moda; información suministrada por creadores e influencers; contenidos encontrados en redes sociales o podcasts; y formatos como videos breves, comentarios, debates o incluso algunas formas de sátira.
El gráfico comparativo muestra una singularidad argentina. El 36% tiene una definición predominantemente tradicional, mientras que otro 40% responde al modelo ampliado. La Argentina es el único de los seis países donde el segundo grupo es mayor que el primero. En el Reino Unido, por ejemplo, el 68% mantiene una definición tradicional, la proporción más alta de toda la muestra.
La lectura de esos números requiere, sin embargo, una aclaración importante: la definición tradicional no está desapareciendo en la Argentina. Si se suman quienes permanecen exclusivamente cerca del núcleo clásico y quienes lo conservan pero incorporan elementos nuevos, alrededor del 76% de los argentinos sigue incluyendo los atributos tradicionales dentro de su idea de noticia.
Es decir, el fenómeno parece ser de expansión y no de sustitución. Las redes, los creadores, el video vertical o los nuevos temas se agregan a aquello que históricamente se entendió como información periodística, pero no necesariamente lo reemplazan. Esa es, de hecho, una de las principales conclusiones generales del informe: las distintas definiciones de noticia se están superponiendo en capas.
Las redes pueden ser el comienzo de una noticia, pero no necesariamente su validación
Otro conjunto de gráficos permite observar dónde reconocen las audiencias una noticia. Allí los medios tradicionales conservan una ventaja contundente.
En el promedio de los seis países, el 88% considera que la información de los noticieros de televisión puede ser noticia; otro 88% dice lo mismo de los boletines de radio; el 87% de los sitios periodísticos y el 85% de los diarios.
La distancia con los nuevos entornos digitales sigue siendo considerable. Sólo el 35% considera en términos generales a las redes sociales como una fuente de noticias, el 33% a los podcasts y otro 33% a la información proveniente de personas conocidas. Las interfaces de inteligencia artificial quedan todavía más abajo, con 26%.
Sin embargo, también aquí aparece una característica argentina: junto con España, la Argentina se encuentra entre los países más dispuestos a admitir como noticia información recibida mediante redes sociales, podcasts o personas conocidas.
Los testimonios cualitativos ayudan a interpretar esa aparente contradicción. Los usuarios pueden encontrarse primero con un hecho en Facebook, Instagram, X o una página barrial y después recurrir a un medio periodístico para confirmarlo, contextualizarlo o ampliarlo. Las plataformas funcionarían así como puerta de entrada a la noticia, aunque no siempre como instancia definitiva de validación. El propio estudio describe el caso de una participante argentina que recurría inicialmente a páginas vecinales de Facebook e Instagram ante hechos de inseguridad y después consultaba medios establecidos para obtener más información.
Política, economía y conflictos siguen siendo noticias para casi todos
La expansión tampoco implica que cualquier contenido sea percibido de la misma manera. El gráfico dedicado a los temas muestra una jerarquía muy marcada.
Los conflictos militares y la economía son considerados temas noticiosos por el 91% de los encuestados en los seis países; la política, por el 90%, y el cambio climático, por el 81%. El deporte ocupa una posición intermedia, con 69%.
Más lejos aparecen el entretenimiento y las celebridades, con 38%; la moda, con 23%; y los videojuegos, con 20%.
El gráfico vuelve a mostrar que el concepto de noticia se ensancha desde los márgenes, pero mantiene un centro reconocible. Política, economía, conflictos y asuntos de interés público continúan prácticamente fuera de discusión. Lo que cambia es la disposición de una parte de la audiencia —especialmente los más jóvenes— a llamar también noticia a contenidos que generaciones anteriores podían ubicar exclusivamente en el entretenimiento o los intereses personales.
Entre los encuestados de 18 a 24 años, por ejemplo, el 52% admite al entretenimiento y las celebridades dentro de la categoría noticia, frente al 31% de los mayores de 55 años. En videojuegos la diferencia es todavía mayor: 32% contra 11%.


Los argentinos aceptan más los formatos breves
Uno de los gráficos más interesantes para entender el caso argentino compara formatos y extensiones.
En términos generales, los artículos escritos y los videos largos conservan una asociación más fuerte con la noticia que sus equivalentes breves. Pero la Argentina muestra una aceptación particularmente alta de los formatos cortos.
En textos escritos, entre el 70% y el 82% de los encuestados de los distintos países considera que un artículo extenso puede ser noticia. Cuando se pregunta por textos breves, las cifras bajan considerablemente: van desde el 37% en el Reino Unido hasta el 58% en la Argentina, el valor más alto del grupo.
Con el video ocurre algo similar. Los contenidos extensos siguen siendo reconocidos con mayor facilidad como periodísticos, pero la distancia entre videos largos y clips breves es notablemente menor en la Argentina, debido a la mayor aceptación de estos últimos como vehículos de noticias.
El dato puede leerse como una consecuencia de la adaptación de las audiencias a un entorno informativo dominado por teléfonos móviles y plataformas sociales. Para buena parte de los argentinos, la extensión ya no parece ser una condición indispensable para reconocer una noticia. Un reel, un video vertical o un texto muy breve puede cumplir esa función si ofrece información suficientemente relevante y reconocible.
El audio presenta una lógica distinta. En todos los países, los formatos cortos son identificados con mayor facilidad como noticia que los audios extensos: entre 65% y 80% reconoce como noticioso al audio breve, mientras los formatos largos -como determinados podcasts- oscilan entre 29% y 46%.



Verificación y hechos siguen marcando la frontera
La flexibilización de formatos y fuentes no significa que las audiencias hayan abandonado las exigencias tradicionales del periodismo.
Cuando la investigación pregunta qué condiciones resultan esenciales para que algo pueda ser considerado noticia, el 65% señala que debe estar basado en información precisa y verificable. En cambio, apenas el 10% considera esencial la presencia de opiniones o interpretaciones personales y un 18% sostiene, incluso, que esas opiniones pueden impedir que un contenido sea considerado noticia.
También los géneros producen diferencias claras. Las actualizaciones de último momento o en vivo son consideradas noticias por el 87%, los informes basados en información verificada por el 80% y los documentales o investigaciones por el 77%.
Las entrevistas bajan al 61%, los debates al 55%, los comentarios y artículos de opinión al 48% y la sátira o el humor apenas alcanzan el 19%.
Los datos ayudan a establecer el límite del cambio: las audiencias parecen aceptar nuevas formas de contar y distribuir la información mucho más rápidamente que una modificación de los principios que hacen reconocible al periodismo.
Un video de pocos segundos puede ser noticia. Un creador puede comunicar un hecho. Una red social puede ser el lugar donde una persona se entera primero de un acontecimiento. Pero siguen pesando la comprobación de los hechos, la actualidad, la fuente y la posibilidad de distinguir entre información y opinión.

La noticia también depende de para quién es relevante
El estudio introduce además otra dimensión: un mismo contenido puede ingresar o salir de la categoría noticia según su relevancia, su proximidad y el momento en que ocurre.
En promedio, el 36% considera esencial que una noticia tenga impacto social, contra el 22% que exige que produzca un impacto personal directo. Pero las entrevistas muestran que ambas dimensiones pueden interactuar: algo de escasa importancia nacional puede convertirse en noticia para una persona porque afecta a su barrio, su actividad profesional o su vida cotidiana.
La actualidad continúa siendo otro criterio fuerte. Los entrevistados tendieron a considerar más noticioso aquello que ocurre en el presente y a quitarle ese carácter a historias repetidas sin novedades sustanciales. Una participante argentina, por ejemplo, cuestionó como noticia la repetición de informes sobre aumentos de precios durante las vacaciones cuando no aportaban ningún elemento verdaderamente nuevo.
Ese fenómeno resulta especialmente relevante en el ecosistema digital: el flujo permanente de actualizaciones no convierte automáticamente cada publicación en una nueva noticia.

Una definición más amplia, no necesariamente un periodismo más débil
El estudio del Reuters Institute fue realizado en dos etapas. Una primera investigación cualitativa reunió diarios de consumo de medios y entrevistas en profundidad con 40 adultos de Argentina, Noruega, Reino Unido y Estados Unidos entre noviembre de 2025. A partir de esos resultados se diseñó una encuesta en línea realizada por YouGov durante abril de 2026 en Argentina, España, Estados Unidos, Japón, Noruega y Reino Unido, con muestras ponderadas para representar a la población adulta de cada mercado.
La conclusión central adquiere particular relevancia en la Argentina. El país aparece como el caso donde la frontera de lo que las audiencias llaman noticia es más permeable: admite con mayor facilidad formatos breves, plataformas y fuentes no tradicionales, y es el único donde la definición ampliada supera estadísticamente a la exclusivamente clásica.
Pero los gráficos no respaldan la idea de que las redes hayan reemplazado al periodismo ni de que para las audiencias cualquier contenido pueda ser una noticia. Más bien muestran lo contrario: el núcleo histórico permanece y alrededor de él se incorporan nuevas capas.

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