Durante décadas, la confianza en los medios locales fue uno de los activos más fuertes del periodismo. Incluso en medio de la polarización política y la crisis de credibilidad de las grandes cadenas nacionales, los diarios y radios locales conservaron una reputación relativamente sólida. Ese capital simbólico empezó a convertirse en un objetivo político, económico y tecnológico.
Un informe del Tow Center for Digital Journalism de la Escuela de Periodismo de Columbia analizó en profundidad el fenómeno conocido como pink slime journalism: redes de sitios que imitan la apariencia de medios locales independientes, pero que en realidad funcionan como estructuras de contenido partidario, muchas veces automatizado y con escasa transparencia sobre financiamiento, propiedad o autoría.
El informe, titulado Pink Slime: Partisan journalism and the future of local news, estudió cómo estas redes crecieron al calor de tres procesos simultáneos: la crisis económica del periodismo local, la automatización de contenidos y el aumento del financiamiento político orientado a medios partidarios.
Qué es el “pink slime”
El informe diferencia al pink slime del periodismo partidario tradicional. No se trata solamente de medios con línea editorial ideológica explícita, algo históricamente habitual en muchos sistemas mediáticos. El problema central es la opacidad.
Según Columbia, el pink slime consiste en contenidos digitales o impresos que “imitan la apariencia de noticias locales”, pero cuya principal contribución original es contenido partidario o “lavado reputacional”, sin transparencia sobre intención, autoría, propiedad o financiamiento. Además, suelen apoyarse en contenido generado algorítmicamente.
En muchos casos, los sitios aparentan ser pequeños diarios regionales o portales comunitarios. Usan nombres geográficos, diseños similares a medios tradicionales y cobertura de temas cotidianos: deportes escolares, datos inmobiliarios, actividad municipal, clima o seguridad. Entre esas publicaciones se insertan artículos políticos alineados con intereses específicos.
El informe agregó otro componente clave: muchas de estas operaciones funcionan con dinámicas de “astroturfing”, es decir, campañas que aparentan surgir orgánicamente desde comunidades locales, aunque en realidad son coordinadas centralmente. Los periodistas frecuentemente ni siquiera viven en las zonas que cubren.
El corazón del fenómeno: la red Metric Media
La investigación de Columbia se concentra especialmente en la red Metric Media, considerada la mayor estructura “pink slime” de los Estados Unidos. Según el informe, la red llegó a superar los 1100 sitios y combinó automatización masiva, contenido partidario y financiamiento vinculado a grupos conservadores.
La escala sorprendió incluso a investigadores especializados. En 2019, reportes periodísticos habían identificado alrededor de 200 sitios. Pero el Tow Center desarrolló una metodología computacional para mapear toda la red y encontró más del doble de los dominios detectados inicialmente.
La estructura opera mediante cientos de sitios aparentemente locales distribuidos en diferentes estados y ciudades. Muchos publican artículos automatizados sobre estadísticas, movimientos inmobiliarios, resultados deportivos o datos públicos. El contenido político original aparece de manera estratégica, especialmente durante campañas electorales.
El informe sostiene que la mayoría de estos sitios carece de contenido verdaderamente reportado en territorio.
Cómo la crisis del periodismo abrió la puerta
El trabajo de Columbia plantea que el pink slime no podría haber crecido sin la crisis estructural del periodismo local estadounidense. Desde 2005, Estados Unidos perdió cerca de una cuarta parte de sus diarios locales. Muchas comunidades quedaron convertidas en news deserts o desiertos informativos: zonas sin cobertura periodística profesional estable.
La caída del negocio publicitario tradicional, acelerada por las plataformas digitales, redujo drásticamente las redacciones locales. El informe señaló que la pandemia agravó aún más el problema, con miles de despidos en medios regionales.
En ese vacío aparecieron nuevas formas de producción informativa de bajo costo. Algunas impulsadas desde organizaciones cívicas o modelos comunitarios. Otras, directamente desde estructuras políticas o empresariales.
El documento del Tow Center advierte que el deterioro económico del sector abrió además debates sobre quién puede producir periodismo y bajo qué condiciones: periodistas profesionales, ciudadanos, freelancers remotos o sistemas automatizados.
IA, automatización y “periodismo industrial”
Uno de los ejes centrales del informe es la automatización de contenidos. El Tow Center describio cómo los avances tecnológicos facilitaron la producción automática de noticias basadas en bases de datos públicas, resultados deportivos, movimientos financieros o registros administrativos.
La automatización no es nueva en periodismo: agencias como Associated Press utilizan sistemas automáticos para resultados financieros o deportivos desde hace una década. Pero el problema aparece cuando esos procesos se combinan con opacidad y objetivos partidarios ocultos.
El informe dedicó varias páginas a Brian Timpone, empresario considerado una figura central del ecosistema pink slime. Primero creó Journatic, una empresa de noticias hiperlocales automatizadas que terminó envuelta en escándalos por uso de nombres falsos, outsourcing en Filipinas y contenido automatizado sin disclosure. La investigación recordó que una auditoría encontró cientos de artículos firmados con bylines falsas en medios asociados al sistema.
Tras la crisis, Journatic mutó hacia nuevas estructuras, incluyendo Locality Labs y luego Metric Media.
El debate sobre la transparencia
Uno de los argumentos más repetidos en el informe es que el problema principal no es necesariamente la existencia de medios partidarios, sino la falta de transparencia.
Los investigadores destacan que históricamente existieron medios con posiciones ideológicas claras. Incluso recuerdan que antes del siglo XX era común que diarios estuvieran directamente alineados con partidos políticos.
La diferencia actual es que muchas de estas redes buscan aparentar neutralidad periodística local mientras ocultan financiamiento, vínculos políticos o automatización.
El informe señaló que los sitios suelen minimizar disclosures legales o esconder información societaria. Algunos apenas incluyen aclaraciones en el pie de página.
Para Columbia, esto genera un problema de confianza pública porque los lectores evalúan las noticias según quién las produce. Si la fuente real está oculta, la capacidad de interpretar críticamente el contenido se reduce.
Aunque el fenómeno incluye experiencias progresistas y conservadoras, el informe sostiene que la inmensa mayoría de los sitios “pink slime” pertenece al ecosistema conservador asociado a Metric Media.
La investigación describe conexiones entre grupos empresariales, PACs, organizaciones conservadoras y estructuras de distribución de contenidos. En algunos casos, el contenido partidario se sincroniza con campañas electorales específicas.
El informe también reconstruye antecedentes históricos: publicaciones impulsadas por la Cámara de Comercio de Estados Unidos, redes conservadoras de medios estatales y operaciones políticas disfrazadas de portales locales durante campañas electorales.
Incluso menciona casos vinculados a operaciones rusas durante la campaña presidencial estadounidense de 2016, donde cuentas falsas simulaban medios locales para construir credibilidad digital antes de difundir mensajes políticos.
Audiencias que no siempre detectan la diferencia
El Tow Center reconoce que todavía existe información limitada sobre el alcance real de estas redes y sobre cuántas personas consumen efectivamente esos contenidos.
Sin embargo, las investigaciones citadas muestran que muchos usuarios tienen impresiones inicialmente positivas sobre estos sitios y no siempre perciben diferencias claras respecto de medios locales tradicionales.
El problema, advierte el informe, no pasa solamente por la desinformación explícita. También aparece una erosión gradual de las fronteras entre periodismo, propaganda, marketing político y contenido automatizado.
Aunque el estudio se concentra en el mercado estadounidense, las dinámicas que describe no son exclusivas de ese país.
La combinación entre crisis de medios locales, caída de ingresos publicitarios, plataformas digitales y herramientas de inteligencia artificial de bajo costo configura un escenario potencialmente replicable en otros mercados.
En América Latina, donde muchos medios regionales enfrentan debilidad financiera crónica y fuerte dependencia política o publicitaria, la posibilidad de montar estructuras automatizadas de apariencia periodística puede convertirse en una herramienta atractiva para campañas electorales, operaciones reputacionales o disputas sectoriales.
El informe concluye que el fenómeno obliga a replantear debates sobre financiamiento del periodismo, disclosure de contenidos generados con IA, regulación de campañas políticas y nuevas formas de transparencia editorial.
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