La educación universitaria estatal en Argentina está en riesgo, pero no por desfinanciamiento sino por ineficiencia.

Los datos hablan por sí solos: hay muchos estudiantes, pero pocos graduados; los jóvenes de bajos ingresos casi no llegan a la universidad y de los que lo hacen, muy pocos se gradúan; la Argentina tiene pocos graduados terciarios y universitarios, y ese porcentaje es menor entre los menores de 35 años (es decir, las últimas décadas fueron peores que las anteriores).

Eficiencia, una cuestión de supervivencia en la educación privada -en especial la que se financia con las cuotas que pueden pagar las familias y los estudiantes-, es un concepto resistido en el ámbito estatal, que históricamente se limita a reclamar «más presupuesto». Y eso, además, sin rendir cuentas claras (lo que probablemente se explique por el tradicional desvío de recursos al financiamiento de la política partidaria).

El sentido común debería indicar que la educación estatal de acceso gratuito debería ser la más eficiente justamente porque debe garantizar la igualdad de oportunidades y, por lo tanto, tiene que llegar a más personas y con la mejor calidad. Y eso debería verse reflejado en los resultados, cosa que no ocurre desde hace muchos años.

Según estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para 2022, en la Argentina sólo el 25% de la población de 25 a 64 años completó el nivel terciario o universitario, números que en la región la ponen por encima de México o Brasil, ambos con 21%, por debajo de Chile, con el 31%, y Colombia el 28%.  En el mundo, lideran Canadá (63), Japón (56), Irlanda (54) y Corea (51).

Entre los jóvenes de 25 a 34 años, sólo 19% completó el nivel terciario o universitario, números que en la región ponen al país por debajo de Chile (41), Colombia (34), México (27) y Brasil (23).  En el mundo, lideran Corea (70), Canadá (67), Japón (66) e Irlanda (63). El promedio de la OCDE está en el 47%. 

En nuestro país, el 24,1 de los jóvenes de 18 a 24 años no estudia ni trabaja. En México, 20%; Brasil, 24,4; Chile, 26,1%; Colombia, 28,7%. El promedio de OCDE es 14,7%.

Según Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, y sobre datos del INDEC de 31 aglomerados urbanos, en Argentina entre la población mayor de 25 años, sólo el 32,4% tiene primario completo mientras el 6,7% lo tiene incompleto; y el 41,7% tiene el secundario completo. Esas cifras empeoran en los estratos más jóvenes. Y eso que la educación primaria y secundaria son obligatorias, y la universitaria es presuntamente gratuita.

En Argentina, el sistema universitario es ineficiente: tiene muchos estudiantes pero pocos graduados: de cada 100 ingresantes en 2021, egresaron 28 en 2021. Esa cifra en Brasil fue de 46 y en Chile, de 69.  La tasa de graduación en el tiempo previsto es históricamente más alta en las universidades privadas, que en la última década y sobre todo tras la pandemia tuvieron un mayor crecimiento de la matrícula de alumnos. Entre los jóvenes de menores ingresos, sólo 3 de cada 10 terminan la universidad.

En 2022, según la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación, las universidades estatales tenían 2.030.633 estudiantes (+40% respecto de 2012) y las privadas 510.021 (+130% mismo período).

En la Argentina el diagnóstico sobre el estado del sistema educativo ya es redundante: entes públicos, observatorios estatales y privados y organizaciones de la sociedad civil llegan una y otra vez a conclusiones similares (se invierte mucho pero mal, no se priorizan los saberes clave, no hay foco en la formación docente, etc). Mientras tanto, en el ámbito universitario se milita nostálgicamente una reforma centrada en problemas de hace un más de un siglo en lugar de pensar cómo cambiar el estado calamitoso del presente (que alcanza a todos los niveles) para construir un mejor futuro.

Si verdaderamente se quiere defender la educación pública entonces avancemos hacia una profunda reforma del sistema para volverlo más eficiente (para que de verdad todos los habitantes accedan a la educación superior). Desde ya, eso no puede limitarse a pedir plata sin un plan para invertirla mejor, sin dar cuentas detalladas de esa inversión y sin mostrar resultados.

Por ahora no hay marchas por ese objetivo.

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