Starlink está dejando de ser solamente una empresa de internet satelital. SpaceX comenzó a utilizar formalmente la marca Starlink Mobile para su negocio de conectividad directa entre satélites y teléfonos celulares, y reveló planes que, si prosperan, podrían convertirla en un nuevo tipo de compañía de telecomunicaciones: una red híbrida, terrestre y espacial, con capacidad de acompañar al usuario prácticamente en cualquier lugar del planeta.

El cambio parece semántico, pero es bastante más profundo. Direct to Cell nació como una tecnología destinada a eliminar las zonas sin cobertura de los operadores móviles. Starlink Mobile amplía esa ambición: combina satélites que funcionan como antenas celulares en el espacio, espectro radioeléctrico, acuerdos de roaming con operadores y, al menos en Estados Unidos, una infraestructura móvil terrestre propia que la compañía ya empezó a planear apoyada en el espectro con derechos de uso terrestre que le compró a EchoStar.

La idea es que el usuario no tenga que pensar qué red está utilizando. En una ciudad, su teléfono se conectará normalmente a una antena 4G o 5G. Cuando se aleje de la cobertura terrestre, podrá pasar a un satélite. Y al regresar a una zona cubierta, volverá a la infraestructura convencional. La propia compañía promete para la próxima generación que esa transición se realizará entre las redes terrestres y satelitales sin cortes ni pérdida de calidad de servicio.

Una antena celular a cientos de kilómetros de altura

La tecnología que lo hace posible es Direct to Cell (D2C), denominada más genéricamente Direct to Device (D2D) dentro de la industria. En lugar de exigir una terminal satelital especial, permite que determinados teléfonos celulares se comuniquen directamente con satélites de órbita baja (LEO).

Starlink lo describe de manera gráfica: cada satélite funciona como una torre de telefonía celular en el espacio. Sus satélites incorporan antenas phased array y se conectan mediante enlaces láser con el resto de la constelación. La integración con la red del operador local se realiza de manera similar a la de un socio de roaming.

El punto decisivo es el terminal: no hace falta un teléfono satelital. La tecnología fue desarrollada para comunicarse con smartphones LTE convencionales, siempre que tengan visión suficiente del cielo, sin necesidad de una antena Starlink instalada por el usuario.

El servicio de primera generación ya permite mensajería, datos y comunicaciones de voz y video mediante determinadas aplicaciones. Según la compañía, ya hay más de 650 satélites Direct to Cell en órbita, el servicio funciona en más de 30 países y es compatible con decenas de modelos de teléfono.

De Direct to Cell a Starlink Mobile

El verdadero salto está previsto para la segunda generación, conocida como Starlink Mobile V2.

SpaceX asegura que cada satélite V2 tendrá alrededor de 20 veces más capacidad que los de la generación actual, gracias a chips diseñados por la propia compañía, nuevas antenas de mayor tamaño y miles de haces espaciales. Combinado con el nuevo espectro, la empresa habla de hasta 100 veces más densidad de datos, y sostiene que en la mayoría de los entornos podrá ofrecer una experiencia de conectividad 5G comparable con la de una red terrestre: internet de alta velocidad, streaming, videollamadas y trabajo remoto desde el teléfono.

Los primeros satélites V2 -que se lanzarán con el cohete Starship- están previstos para mediados de 2027, con el objetivo de tener una constelación con cobertura global y continua unos meses después.

Un dato adicional dimensiona el proyecto: según explicó la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, durante la presentación de resultados del segundo trimestre de 2026, la red actual utiliza alrededor de 5 MHz de espectro proporcionados por operadores asociados, mientras que la compañía dispondrá de 65 MHz propios adquiridos a EchoStar (una operación cuyo valor la prensa especializada sitúa entre 17.000 y cerca de 20.000 millones de dólares, según la fuente y el momento de cierre del acuerdo).

Musk quiere también antenas en tierra

Aquí aparece la novedad que transforma a Starlink Mobile en algo potencialmente mucho más disruptivo: SpaceX ya no piensa exclusivamente en los satélites.

El espectro adquirido a EchoStar también puede utilizarse para comunicaciones terrestres, y Shotwell confirmó que la compañía pretende desplegar esa parte de la red para construir lo que ella llamó un «verdadero servicio móvil».

La estrategia podría evitar, al menos parcialmente, el modelo tradicional de grandes torres celulares. SpaceX estudia incorporar pequeñas estaciones base -femtoceldas- a instalaciones de Starlink ya existentes. Musk explicó que, en lugar de desplegar estaciones celulares grandes, costosas y difíciles de ubicar, la compañía cree que puede instalar un número elevado de estaciones pequeñas: en algunos casos, prácticamente las mismas antenas Starlink que ya están instaladas en techos de casas y empresas podrían, además de conectarse con los satélites, dar cobertura celular a los teléfonos de alrededor.

Musk fue incluso más lejos y sostuvo que esa arquitectura podría terminar dando mayor conectividad y ancho de banda que las redes celulares actuales. Por ahora es una proyección de la compañía, no una capacidad demostrada a escala comercial.

Hacia una telco global

Ahí aparece una posibilidad inédita en la industria: una compañía celular cuya infraestructura básica tenga alcance mundial. Lo que abre nuevas discusiones sobre la escala de las telco tradicionales.

Hasta ahoral, los operadores tradicionales son esencialmente nacionales. Claro, Telefónica, Telecom, Vodafone, Deutsche Telekom, AT&T o Verizon construyen redes sujetas al espectro, las licencias, las antenas y la regulación de cada país. Una constelación satelital funciona con una lógica diferente: los satélites atraviesan fronteras permanentemente y la misma infraestructura espacial puede prestar servicios sobre decenas de países, aunque siempre necesite autorización regulatoria y acceso legal al espectro en cada mercado.

El analista argentino Enrique Carrier planteó esa diferencia en un artículo reciente. Para Carrier, la compra de espectro terrestre y las ideas de SpaceX para usar instalaciones Starlink como infraestructura celular hacen más concreta la amenaza competitiva, aunque advierte que no necesariamente tiene sentido imaginar a Musk entrando simplemente como un operador más en un mercado móvil maduro: puede estar creando un mercado y un modelo de red diferentes.

Hay una diferencia estructural, señala Carrier: el esquema estadounidense -donde Starlink tiene espectro propio para servicios terrestres y satelitales- sería difícil de replicar país por país. Pero la infraestructura espacial le da algo que ningún operador celular convencional posee por sí solo: alcance potencialmente global. La compañía podría adoptar distintos modelos según el mercado: operar directamente donde consiga espectro y licencias, asociarse con una telco local, funcionar como complemento satelital de operadores existentes, o combinar esas alternativas.

En otras palabras, más que una cuarta o quinta telco convencional, Starlink podría aspirar a convertirse en una suerte de telco global mayorista y minorista, según las condiciones regulatorias de cada país.

De T-Mobile a Entel, MasOrange y Deutsche Telekom

La expansión geográfica ya ofrece una pista de esa estrategia. Starlink presta servicios de datos, voz, video y mensajería en seis continentes y, según la compañía, sus acuerdos con operadores podrían eventualmente alcanzar a más de 1700 millones de personas.

La lista de socios ya es extensa: T-Mobile en Estados Unidos; Optus y Telstra en Australia; Rogers en Canadá; One NZ en Nueva Zelanda; KDDI, NTT Docomo y SoftBank en Japón; Globe en Filipinas; Salt en Suiza; Entel en Chile y Perú; Kyivstar en Ucrania; Virgin Media O2 en el Reino Unido; MasOrange en España; Beeline en Kazajistán; Fastweb en Italia; Banglalink en Bangladesh; Gmobile en Mongolia; Liberty en Costa Rica y Panamá; además de acuerdos con Deutsche Telekom para varios países europeos, Airtel Africa en más de una decena de mercados y MTN en Zambia.

Esto no significa que todos esos mercados tengan hoy exactamente los mismos servicios comerciales, ni que todos los clientes puedan usar ya todas las prestaciones anunciadas: los lanzamientos dependen de autorizaciones locales, espectro, operador, dispositivo y modalidad contratada.

En América Latina, la etapa comercial ya arrancó. El informe The Mobile Economy Latin America 2026, de la GSMA, incluye a la conectividad directa al celular entre las tendencias que están moldeando la región, y señala que Entel habilitó este tipo de servicio mediante Starlink en Chile y Perú para extender cobertura hacia zonas remotas.

El teléfono que elige entre la Tierra y el espacio

Para el usuario, la revolución puede resultar paradójicamente poco visible. Un teléfono podría conectarse a una antena 5G mientras su propietario camina por Madrid, Santiago o Nueva York; al viajar por una ruta, seguiría usando la red terrestre mientras hubiera cobertura; al ingresar en una montaña, un desierto o una zona rural sin antenas, podría conectarse con Starlink; y al recuperar cobertura convencional, volvería a ella. Todo con el mismo teléfono y, potencialmente, sin que el usuario tenga que hacer nada.

Es la lógica que SpaceX describe para V2: complementar las redes 5G terrestres de alta capacidad y permitir transiciones fluidas entre infraestructura terrestre y satelital.

La GSMA considera que el D2D está emergiendo como una «cuarta dimensión» de la conectividad, junto con las redes móviles, fijas y Wi-Fi, y reporta que a fines de 2025 más de un centenar de operadores móviles en el mundo -varios de ellos latinoamericanos- ya tenían al menos una asociación satelital vigente.

El límite está en la física

Hay, sin embargo, una diferencia importante entre tener cobertura en todo el planeta y disponer de capacidad 5G para todo el planeta.

La GSMA es particularmente cautelosa sobre este punto. En su estudio The Limits of D2D, publicado en 2026, sostiene que las comunicaciones satelitales D2D no pueden reemplazar a las redes móviles terrestres debido a restricciones físicas, de capacidad y de eficiencia en el uso del espectro.

Una antena celular terrestre cubre un área relativamente pequeña y las frecuencias pueden reutilizarse miles de veces. Un haz satelital, en cambio, cubre decenas de kilómetros y debe repartir su capacidad entre todos los usuarios que se encuentren dentro de esa superficie. Según las simulaciones de la GSMA, incluso en escenarios muy optimistas -con la mayor cantidad de satélites planeada y grandes disponibilidades de espectro- el D2D no alcanzaría a sustituir la capacidad de las redes terrestres en áreas densamente pobladas. El organismo lo considera especialmente adecuado para zonas rurales, lugares deshabitados, mares y comunicaciones de emergencia.

Analistas del sector también relativizaron la posibilidad de que Starlink compita rápidamente contra los grandes operadores estadounidenses: sin un acuerdo como operador móvil virtual que le dé cobertura terrestre inmediata, sería difícil imaginar un servicio directo al consumidor plenamente competitivo con las telcos establecidas en el corto plazo. La infraestructura acumulada por los operadores durante décadas sigue siendo una barrera formidable.

La telco que no termina en la frontera

Por eso el verdadero desafío que Starlink plantea al sector quizás no consista en reemplazar las antenas celulares por satélites, sino en algo más profundo: borrar la frontera entre ambas redes.

Una red terrestre es extraordinariamente eficiente donde existen millones de usuarios. Una constelación satelital tiene la ventaja contraria: puede llegar a territorios donde desplegar fibra y antenas resulta demasiado caro, difícil o directamente imposible. La combinación de ambas puede producir algo nuevo.

Starlink comenzó ofreciendo banda ancha satelital mediante una antena especial. Direct to Cell llevó el satélite hasta el smartphone. Starlink Mobile V2 pretende llevar banda ancha 5G directamente al teléfono. Y ahora SpaceX proyecta sumar pequeñas estaciones terrestres y espectro propio.

Enrique Carrier observa que el mercado que se abre tampoco termina en los smartphones: una infraestructura de alcance planetario podría conectar vehículos autónomos, drones, robots, cámaras, sensores, maquinaria y dispositivos IoT que se desplazan por tierra, mar o aire, justamente donde las fronteras físicas de una red móvil nacional pierden sentido.

Musk dio una pista de esa lógica al explicar por qué Tesla planea integrar Starlink en sus vehículos: según dijo, un robotaxi necesita conectividad en todas partes y no puede quedar aislado al atravesar alguno de los «triángulos de las Bermudas» que todavía existen en las redes celulares.

La telco global de Musk todavía no existe como tal. Necesita satélites V2, espectro, autorizaciones regulatorias, inversiones terrestres y acuerdos con operadores en numerosos países. Y las limitaciones físicas indican que las redes celulares convencionales seguirán siendo imprescindibles. Pero sus piezas comienzan a aparecer.

Si el modelo prospera, la gran innovación de Starlink Mobile no será simplemente permitir que un celular se conecte con un satélite, sino convertir a la Tierra y al espacio en partes de una misma red móvil, haciendo que el teléfono salte entre ambas sin que el usuario siquiera tenga que saberlo.

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