Las personas adultas mayores en Argentina utilizan cada vez más herramientas digitales para comunicarse, realizar trámites, operar con bancos y consumir información, aunque muchas veces sin capacitación formal en seguridad informática. Esa combinación entre adopción tecnológica y escasa formación preventiva genera un escenario de alta exposición a fraudes, engaños y robo de información sensible.
Así lo señala el informe Seguridad y vulnerabilidad en adultos mayores: usos, riesgos y desafíos en el entorno digital, elaborado por BTR Consulting a través de su Centro de Estudios en Ciberentornos y Sociedad Digital y su Observatorio de Comportamiento Humano. El relevamiento se realizó entre noviembre y diciembre de 2025 sobre más de 250 personas mayores de 60 años en Argentina.
El trabajo concluye que el 89% de las personas encuestadas estuvo expuesto, en mayor o menor medida, a intentos de fraude digital. Dentro de ese universo, el 42% afirmó haber recibido comunicaciones sospechosas en reiteradas ocasiones y el 47% al menos una vez. Apenas un 4% sostuvo no haber atravesado situaciones de ese tipo.
El informe identifica a las estrategias de ingeniería social como una de las principales amenazas. Según el documento, estos mecanismos buscan inducir respuestas rápidas mediante urgencia, confusión o suplantación de identidad para obtener datos sensibles o acceso a sistemas personales.
La investigación también detectó una elevada circulación de pedidos de información sensible. El 78% de las personas encuestadas aseguró haber recibido solicitudes de datos personales o códigos de verificación a través de llamadas telefónicas o aplicaciones de mensajería. Dentro de ese grupo, un 9% reconoció haber compartido esa información.
“El proceso de digitalización representa una oportunidad de inclusión y autonomía, pero también exige comprender y gestionar nuevos escenarios de exposición. En el caso de las personas adultas mayores, es indispensable fortalecer la formación y el acompañamiento para reducir vulnerabilidades”, sostuvo Gabriel Zurdo, CEO de BTR Consulting.
El celular, principal puerta de entrada al ecosistema digital
El teléfono móvil aparece como el centro de la experiencia digital de las personas mayores. El 48% de los encuestados indicó que utiliza el celular como herramienta principal de acceso a Internet y aplicaciones digitales, mientras que el 25% combina más de un dispositivo y el 17% usa principalmente computadoras. El uso de tablets y otros equipos fue marginal.
El estudio advierte que esta concentración en un único dispositivo incrementa el riesgo, ya que el celular reúne datos personales, credenciales de acceso, contactos y operaciones financieras.
En términos de actividad digital, el 50% declaró utilizar Internet para todas las actividades propuestas en la encuesta: comunicación con familiares y amigos, redes sociales, operaciones bancarias o pagos y consumo de noticias o entretenimiento.
El resto de los usos se distribuyó entre comunicación (18%), operaciones financieras (11%), información y entretenimiento (9%) y redes sociales (7%).
Según el informe, este nivel de integración implica que una proporción significativa de adultos mayores administra información sensible y realiza operaciones financieras online, aumentando el impacto potencial de cualquier incidente de seguridad.
Contraseñas repetidas y sensación de inseguridad
Uno de los puntos centrales del relevamiento está relacionado con las prácticas de seguridad digital. Solo el 28% de las personas encuestadas utiliza contraseñas diferentes para todas sus cuentas relevantes. En paralelo, el 33% combina claves distintas con repetidas, el 19% utiliza la misma contraseña en todos los servicios y el 20% desconoce el nivel de diferenciación de sus credenciales.
El documento advierte que la reutilización de contraseñas constituye un factor crítico de riesgo, porque una filtración de datos en una sola plataforma puede habilitar el acceso a múltiples cuentas personales.
La dimensión emocional también aparece como un componente relevante del estudio. El 63% de las personas consultadas manifestó experimentar algún nivel de miedo o desconfianza al utilizar Internet. Dentro de ese grupo, el 15% expresó un nivel alto de inseguridad y el 48% una percepción moderada.
Entre las principales preocupaciones identificadas figuran el robo de dinero y el acceso indebido a datos personales, ambos con el 30% de las respuestas. También aparecen el temor a ser víctima de engaños (17%) y a cometer errores involuntarios (13%). Solo el 9% dijo no tener preocupaciones vinculadas con el uso de tecnología.
Redes familiares y demanda de capacitación
El informe muestra que los hijos y nietos continúan siendo el principal soporte ante problemas tecnológicos. Frente a una eventual situación digital problemática, el 75% aseguró que recurriría a familiares, mientras que solo el 19% acudiría a espacios especializados.
En relación con el acompañamiento cotidiano, el 49% indicó recibir ayuda ocasional para utilizar tecnología, el 33% dijo desenvolverse de forma autónoma y el 7% afirmó contar siempre con asistencia. Otro 2% señaló no recibir apoyo pese a experimentar dificultades.
El estudio interpreta esta situación como una evidencia de la dependencia de redes familiares informales y plantea la necesidad de desarrollar estructuras institucionales de acompañamiento y capacitación.
En ese sentido, el 81% de las personas encuestadas manifestó interés en adquirir mayores conocimientos para mejorar su seguridad en Internet. De ese total, el 23% expresó un interés alto y el 58% moderado.
“Las personas adultas mayores están plenamente integradas al entorno digital, pero persisten brechas significativas en la adopción de medidas preventivas básicas. La seguridad digital debe abordarse como una dimensión central de la inclusión, promoviendo autonomía, confianza y resiliencia”, concluyó Zurdo.
El informe propone como líneas de acción fortalecer canales especializados de acompañamiento, impulsar programas de alfabetización digital, promover la verificación del origen de las comunicaciones, evitar la divulgación de datos sensibles y fomentar el uso de contraseñas diferenciadas.






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