La licencia de LS84 TV Canal 11 fue privatizada en diciembre de 1989 en una de las primeras decisiones del flamante gobierno del peronista Carlos Menem. Fue adjudicada a Televisión Federal SA, un grupo numeroso de empresarios de la televisión abierta del interior, coorinados por Pedro Simonsini -fallecido en 2020-, integrado por dueños de canales del interior del país (como Alejandro Massot y Martín Lecuona de Prat) y otros empresarios como Santiago Soldati, a los que se habían sumado Editorial Atlántida, de Constancio C. Vigil y Aníbal Vigil, entones la mayor editorial de revistas del país.

La privatización se basó en la ley 23.696 de Reforma del Estado, el decreto 830/99 que en septiembre llamó a concurso público para la adjudicación de las licencias de los canales 11 y 13, y el decreto 1540/89 de diciembre que formalizó la entrega de las emisoras a Televisión Federal SA y a Arte Radiotelevisivo Argentino SA, respectivamente. La primera ofertó 8,7 millones de dólares por el 11 y la segunda -propiedad del Grupo Clarín- 7 millones de dólares por el 13. Cifras a las que habría que sumarle la inversión necesaria en infraestructura técnica y edicilia, en reestructuración de los recursos humanos y contratos artísticos que fueron necesarios para poner en marcha la renovación de las emisoras.

A fines de los años 50, la iniciativa de crear Canal 11 fue atribuida al sacerdote jesuita Héctor Grandinetti, que quería extender a la televisión la tarea evangelizadora de la Iglesia y tenía llegada al dictador Pedro Eugenio Aramburu. A partir de allí, las versiones de la historia se vifurcan. La principial involucra también a Simonsini, a quien se atribuye la organización en la década del 60 de decenas de accionistas, la inspiración de los jesuitas y los contenidos de la estadounidense ABC, para crear Dicom, la empresa detrás de la licencia. Así, don Pedro resulta el creador dos veces del mismo canal, porque en 1989, de manera similar, asociado con los Vigil y broadcasters del interior, armó Telefe.

Pero hay una historia alternativa perdida en el tiempo y contada por Amadeo Grandinetti, hermano del sacerdote, que dice que Simonsini fue en el origen un ejecutivo menor y que ganó poder con el tiempo, del que se volvió presidente, hasta lograr la venta del canal, en 1970, al editor periodístico Héctor Ricardo García -dueño ya del entonces muy exitoso diario Crónica-. Desde 1982, Grandinetti reclamó el pago del 10% de las acciones que no fueron vendidas.

García posicionó a la emisora con el nombre de Teleonce pero la perdió con la expropiación de facto (previa intervención) decidida por el gobierno de María Estela Martínez de Perón, en 1974, a instancias de su ministro José López Rega y tras la muerte de Juan Perón.

En 1990, el canal pasó a denominarse Telefé, los Vigil quedaron rápidamente al frente y la programación quedó al mando de Gustavo Yankelevich, quien sería el más exitoso programador de la emisora (hijo de Samuel Yankelevich, fundador de la publicidad televisiva; nieto de Jaime Yankelevich, fundador de la televisión abierta peronista en 1951 -Simonsini había trabajado en su juventud con este último-; y padre de Tomás, que ocupó también el cargo de programador de la emisora).

Esa era dorada tuvo su año glorioso en 1993, cuando el canal se consolidó como una aplanadora de rating con programas históricos como Hola Susana (que había surgido en la estatal ATC y migrado a Canal 9 Libertad, de Alejandro Romay, antes de recalar en Telefe), Jugate Conmigo (primer gran éxito de Cris Morena, entonces esposa de Yankelevich), Videomatch, de Marcelo Tinelli. Telefe logró en ese período niveles de audiencia que hoy parecen imposibles (picos de más de 40 o 50 puntos de rating) y comedias rompedoras como Amigos son los amigos, con Carlos Calvo y Pablo Rago.

En 2000, Telefónica de España completó la toma de control de la señal en el contexto de una estrategia de fuerte inversión en medios audiovisuales liderada por Juan Villalonga en España y América Latina. En mayo de aquel año, la telco pagó 530 millones de dólares por el 100% de las acciones. Desde 1997 participaba del accionariado junto con el conglomerado CEI Citicorp Equity Investments, conducido por Raúl Moneta y Richard Handley, e integrado por el Citibank y el fondo Hicks, Muse, Tate & Furst (HMTF).

El CEI llegó a ser el mayor conglomerado de medios del país -muy por encima del grupo Clarín- y su constitución fue vinculada al intento fallido de re-reelección de Menem. Poco después del final de la segunda y última presidencia del riojano, el grupo se desintegró pero Telefónica siguió al mando de Telefe, entre otros medios.

En 2008, el ex asistente de Néstor Kirchner devenido en empresario, Rudy Ulloa, ofreció 320 millones de dólares a Telefónica para quedarse con Telefé. Ulloa, que está siendo juzgado en la causa de Los Cuadernos de la Corrupción como integrante de la asociación ilícita que recaudaba coimas de la obra pública durante los gobiernos kirchneristas, tenía por entonces medios locales en Santa Cruz, la provincia de los Kirchner, como El Periódico Austral, de Río Gallegos -cerrado hace más de una década-, el Canal 2 del cable local, de Supercanal, y FM Radio del Carmen.

En 2009, Telefe -y los diez canales del interior con los que hacía cadena- quedaron en medio de un ruido legal tras la sanción de la ley de servicios de comunicación audiovisual, que prohibió que empresas extranjeras sean propietarias de señales audiovisuales. La cercanía con el kirchnerismo la mantuvo al margen de cuestionamiento porque el gobierno mismo decía que Telefónica de Argentina y Telefe dependían de una matriz en España (Telefónica SA), pero que no tenían relación societaria directa entre sí en el país.

En 2003, la ley de Bienes Culturales impulsada por el presidente Eduardo Duhalde, ya había limitado al 25% la participación de accionistas extranjeros en el control de medios de prensa, radio y televisión, lo que hubiese afectado a Telefónica si no se hubiera incluido una claúsula para exceptuar a capitales originarios de países con los que Argentina tuviera acuerdos de reciprosidad de inversiones, como España.

En 2016, Viacom Paramount adquirió la empresa por 345 millones de dólares tras pujar con Turner durante meses. Ambas empresas se habían lanzado a comprar canales en la región prácticamente al mismo tiempo y de manera similar también fue sincrónica su salida. Turner llegó a ofrecer casi 300 millones de dólares pero perdió la pulseada, que se repitió en Chile, donde ganó y se quedó con Chilevisión. En octubre de 2025 Paramount vendió Telefé y en noviembre Turner vendió Chilevisión (adquirida por el grupo Vytal, liderado por Tomás Yankelevich -hijo de Gustavo-, Jorge Carey y Edgar Spielmann.

En 2025, debido a la estrategia Paramount Global para reducir su deuda, el canal fue vendido en unos 100 millones de dólares a un grupo de empresarios argentinos liderado por el rosarino Gustavo Scaglione (dueño de Televisión Litoral -Canal 3 y Radio 2- y el diario La Capital, de Rosario, entre otros numerosos medios) e integrado por José Luis Manzano, Daniel Vila y Claudio Belocopitt, también controlantes del Canal 2 América. Scaglione se había sumado como accionista de América en 2024 al comprar la participación accionaria que tenía Gabriel Hochbaum, y ya había cerrado anteriormente con Telefónica la compra de algunas de las señales provinciales (Salta, Tucumán y Bahía Blanca). Scaglione forma un potente tándem empresario con su esposa, Josefina Daminato, cuya familia es propietaria de un importante jugador financiero en Rosario, capital del negocio agroindustrial del país.

Actualizados por inflación, los montos pagados en 2000 por Telefónica al CEI (530 millones), y en 2016 por Paramount a la misma telefónica (345 millones), serían hoy de casi 1000 millones y 450 millones, respectivamente. Los 320 millones de dólares de Ulloa ofrecidos en 2008, representarían hoy unos 470 millones de dólares, un monto mayor al pagado por Paramount. Los 100 millones aportados por Scaglione y Manzano son hoy una décima parte de la primera transacción. Telefónica ya se había desprendido de la señal por menos de la mitad de lo pagado originalmente.

Este recorrido le pone precio a la depreciación de la TV abierta con un dato contundente: en 25 años, la principal y más exitosa cadena de televisión del país, perdió el 90% de su valor. Según los manuales de negocios, las empresas valen por su capacidad de generar flujos de fondos. Originalmente, la principal fuente de ingresos de la TV era la publicidad, mercado en el que por décadas tuvo la mayor tajada.

Telefe fue siempre un canal centrado en la popularidad de sus contenidos y con una fuerte impronta vinculada a los contenidos de entretenimiento, característica que alcanzaba incluso a sus noticieros. Fue el canal líder en audiencia durante casi toda su existencia, con excepción de 2010 y 2011, que quedaron para Canal 13.

Aunque no puede decirse que su línea editorial tuviese una tendencia política explícitamente definida, sí puede afirmarse que a lo largo de toda su historia fue un canal cercano al poder peronista, algo que se reforzó por el carácter regulado del negocio televisivo, la historia de expropiaciones del sector en el país y el hecho de que durante muchos años el canal estuvo en manos de una telefónica -otro sector híperregulado- que además era extranjera y mantuvo un status jurídico gris hasta 2016 cuando el gobierno del presidente Mauricio Macri derogó los aspectos de la ley de medios que afectaban su funcionamiento.

El 2 de junio de 2013, Telefe emitió en horario central una de las versiones del film documental Néstor Kirchner, la película, dirigido por el cineasta Adrián Caetano (director original del proyecto). A diferencia de la versión oficial estrenada en cines (a cargo de Paula de Luque), la pieza de Caetano había sido descartada originalmente por los productores Fernando Chino Navarro y Jorge Devoto -dos dirigentes kirchneristas-, pero llegó a la pantalla del canal tras un elogio público de la entonces presidenta Cristina Kirchner.


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