La aceleración de la inteligencia artificial (IA), la expansión de los centros de datos y el crecimiento sostenido de la economía digital están reconfigurando la relación entre tecnología y energía. La demanda eléctrica asociada a estos procesos crece a un ritmo inédito y plantea un desafío estructural para empresas y operadores de infraestructura: cómo sostener operaciones cada vez más intensivas y continuas.
La digitalización avanza sobre sistemas energéticos que fueron concebidos para un escenario tecnológico diferente. Con la expansión de la IA y los data centers, la demanda energética de la economía digital podría duplicarse hacia 2030, elevando de forma significativa las exigencias de estabilidad, potencia instalada y operación sin interrupciones.
En ese contexto, seis de cada diez nuevos centros de datos ya se diseñan específicamente para soportar cargas de trabajo vinculadas a inteligencia artificial. Este cambio implica mayores requerimientos de densidad de potencia, sistemas de refrigeración más exigentes y esquemas de respaldo que garanticen disponibilidad 24/7.
La energía deja así de ser un insumo operativo para convertirse en un factor estratégico de continuidad del negocio. Sin una gestión adecuada, aumentan los riesgos de cuellos de botella, fallas operativas y pérdida de eficiencia, especialmente en entornos donde la disponibilidad permanente es condición básica para sostener servicios digitales y procesos críticos.
“El crecimiento de la inteligencia artificial y de la economía digital está llevando a los sistemas energéticos a un punto de inflexión. Hoy la energía no solo tiene que estar disponible, sino ser estable, predecible y gestionada de forma inteligente. Contar con infraestructura energética resiliente es clave para garantizar la continuidad del negocio en un mundo que opera 24/7 y depende cada vez más de la tecnología”, señaló Noelia Miranda, directora de Secure Power de Schneider Electric para Argentina, Paraguay y Uruguay. Secure Power es la unidad de la empresa que impulsa soluciones que integran electrificación y digitalización, combinando infraestructura escalable, sistemas de respaldo de alta eficiencia, soluciones avanzadas de refrigeración y plataformas digitales de monitoreo y gestión energética en tiempo real.
La transición hacia una economía más digital exige infraestructuras energéticas más robustas, flexibles y digitalizadas. La resiliencia ya no se limita a evitar interrupciones, sino que implica anticipar picos de demanda, gestionar cargas intensivas y asegurar una rápida recuperación ante eventos críticos.
En la Argentina, esta tendencia comienza a reflejarse en el crecimiento de los centros de datos “edge”, que acercan el procesamiento de la información a los usuarios y permiten sostener servicios digitales cada vez más demandantes.
De acuerdo con un informe de DC Market Insights, el mercado local de data centers alcanzó los US$ 131,95 millones en 2025 y podría llegar a US$ 585,28 millones hacia 2035. El crecimiento proyectado pone en primer plano la necesidad de contar con sistemas energéticos capaces de operar de manera continua, eficiente y confiable.

Hacé tu comentario