Google anunció Americas Connect, una nueva expansión de su infraestructura de cables submarinos que incorpora tres sistemas –Alisios, Canoa y OlaLuz– y una ramificación del cable Firmina. El proyecto conectará Sudamérica, Centroamérica, el Caribe, Estados Unidos y Europa y se integrará con otras redes internacionales de la compañía.
La iniciativa refuerza una estrategia que Google desarrolla desde hace más de una década: invertir directamente en la infraestructura física necesaria para sus servicios de nube, plataformas digitales y, crecientemente, inteligencia artificial. El objetivo es disponer de mayor capacidad, reducir latencia y contar con rutas alternativas ante fallas o interrupciones.
Alisios conectará Chile con Panamá y República Dominicana, creando una nueva ruta entre el Pacífico sudamericano y el Caribe. Desde Panamá, el sistema podrá vincularse con conexiones hacia la costa oeste estadounidense y con las regiones de Google Cloud en Chile y Los Ángeles. Se sumará a Curie, el cable privado de Google entre Estados Unidos y Chile posteriormente extendido a Panamá.
Chile ocupa además un lugar central en Humboldt, el sistema que conectará Sudamérica con Australia y, desde allí, con Asia-Pacífico. El proyecto contempla unos 14.800 kilómetros entre Chile y Sídney y tiene prevista su entrada en operación en 2028.
El nodo central de Americas Connect estará en República Dominicana, donde convergerán los cuatro nuevos enlaces. Además de recibir Alisios, OlaLuz conectará el país con Florida, mientras que Canoa lo unirá con Bermuda, desde donde podrá enlazarse con otros sistemas hacia América del Norte y Europa.
El cuarto componente será una nueva ramificación de Firmina hacia República Dominicana. Ese cable tiene particular importancia para la Argentina: conecta Las Toninas con la costa este de Estados Unidos, con puntos de amarre en Brasil y Uruguay, y dispone de 12 pares de fibra.
Google acompaña este despliegue con una inversión superior a US$ 500 millones en República Dominicana, donde desarrolla su primer puerto internacional de intercambio digital de América Latina. La instalación busca consolidar al país como punto de interconexión entre América del Norte, Centroamérica y Sudamérica.
Las Big Tech llevan su competencia al fondo del mar
Google no está sola. El negocio de los cables submarinos, tradicionalmente dominado por operadoras y consorcios de telecomunicaciones, tiene ahora como protagonistas a las grandes tecnológicas, que buscan asegurar capacidad propia para sus centros de datos, servicios cloud e inteligencia artificial.
Meta desarrolla Project Waterworth, una red de más de 50.000 kilómetros que conectará cinco continentes y tendrá puntos de llegada en Estados Unidos, Brasil, Sudáfrica e India. Amazon Web Services anunció Fastnet, su primer cable submarino íntegramente propio, entre Estados Unidos e Irlanda, con más de 320 Tbps de capacidad. Microsoft también participa en distintos sistemas, entre ellos Marea, desarrollado originalmente junto con Meta y Telxius.
La competencia, sin embargo, involucra a muchos otros jugadores. Entre los grandes fabricantes e instaladores de sistemas submarinos figuran la estadounidense SubCom, la francesa Alcatel Submarine Networks (ASN), la japonesa NEC y la china HMN Technologies. También intervienen operadores como Telxius, Sparkle, Cirion/V.tal, Antel y Telecom Argentina, además de gobiernos y empresas estatales cuando los proyectos son considerados estratégicos.
Un nuevo frente de la disputa entre Estados Unidos y China
Los cables también se convirtieron en infraestructura geopolítica. Estados Unidos busca limitar la participación de proveedores chinos, especialmente HMN Technologies, en redes consideradas críticas, mientras China intenta ampliar la presencia internacional de sus empresas de telecomunicaciones e infraestructura.
Chile es uno de los casos más visibles de esa competencia en América Latina. Durante años evaluó una conexión transpacífica que podía terminar directamente en China, pero finalmente avanzó con Humboldt, desarrollado junto con Google y con Australia como puerta de entrada a Asia. En 2026, además, una propuesta empresarial para construir un cable directo entre Chile y Hong Kong generó nuevas objeciones de Washington.
La discusión excede así la capacidad o el precio de cada sistema: incluye quién fabrica los equipos, quién controla la infraestructura, dónde aterrizan los cables y bajo qué jurisdicción circulan los datos. Más del 95% del tráfico intercontinental de comunicaciones utiliza estas redes submarinas, lo que las convierte en activos de seguridad y soberanía digital.
Argentina: siete cables llegan a Las Toninas
Argentina participa de esta transformación a través de Las Toninas, principal puerta de entrada de los cables submarinos al país. Allí convergen actualmente siete sistemas: Unisur, South American Crossing (SAC), South America-1 (SAm-1), Bicentenario, Tannat, Malbec y Firmina.
Los primeros pertenecen a la etapa dominada por operadoras y consorcios internacionales. Unisur comenzó a operar en 1995; SAC, en 2000; y SAm-1, en 2001. Bicentenario conecta Argentina y Uruguay, mientras Tannat, impulsado por Google y Antel, agregó una ruta entre Argentina, Uruguay y Brasil.
La generación más reciente muestra el desembarco directo de las plataformas. Malbec, desarrollado originalmente por Meta y GlobeNet, conecta Las Toninas con Brasil y entró en servicio en 2021. A este se sumó Firmina, propiedad de Google, que recorre unos 13.500 kilómetros entre la Argentina y Carolina del Sur, con derivaciones hacia Uruguay y Brasil.
Americas Connect profundiza así una transformación de la infraestructura global de Internet: las grandes tecnológicas ya no se limitan a utilizar las redes de telecomunicaciones, sino que financian y controlan una parte creciente de las conexiones físicas que unen sus centros de datos y regiones cloud. Al mismo tiempo, esos cables se consolidan como infraestructura estratégica en la competencia tecnológica entre países y bloques económicos.


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