¿Por qué, después de décadas de innovación tecnológica y acceso creciente a la información, las sociedades parecen más desconcertadas? Esa es una de las preguntas que atraviesan El malestar digital. La parte de la historia que faltaba contar, el nuevo libro de Daniel Mazzone, publicado por ConverCom Libros. El trabajo ya está disponible en Mercado Libre.

En casi 300 páginas, Mazzone propone apartarse de las explicaciones que atribuyen las tensiones actuales exclusivamente a la tecnología. Su punto de partida es que las innovaciones funcionan como catalizadores de transformaciones sociales mucho más profundas, del mismo modo que ocurrió durante el siglo XVIII con la industrialización, la urbanización, la aparición de la prensa periódica y el desarrollo de las sociedades modernas.

Desde esa perspectiva, el autor concentra su análisis en tres componentes que considera estrechamente relacionados: la información, la conversación pública y el periodismo junto con los medios, un conjunto al que denomina “subsistema comunicacional”. La hipótesis es que las alteraciones sufridas por ese sistema permiten explicar una parte relevante del malestar que atraviesan actualmente las sociedades abiertas.

El recorrido comienza con una revisión histórica. Mazzone cuestiona que las transformaciones iniciadas en el siglo XVIII hayan quedado resumidas bajo la etiqueta de “Revolución Industrial”. A su juicio, esa interpretación privilegió la dimensión económica y dejó en segundo plano cambios igualmente decisivos, entre ellos la urbanización, la democracia moderna y el surgimiento de un sistema regular de circulación de información. Desde la Comunicación y el Periodismo, sostiene, es posible incorporar una perspectiva que otras disciplinas no alcanzan a cubrir por completo.

De Napster a las Big Tech

Sobre esa base histórica, El malestar digital reconstruye la transformación del ecosistema de medios desde la aparición de Internet y la Web hasta el predominio de las plataformas. Uno de los puntos de inflexión que analiza es Napster, cuya irrupción anticipó el impacto que las tecnologías digitales tendrían sobre industrias enteras y sobre la relación entre empresas, reguladores y usuarios.

El libro extiende ese análisis a Google, Facebook y las demás grandes tecnológicas. Para Mazzone, las plataformas no se limitaron a incorporar nuevos canales de distribución: alteraron las reglas económicas y sociales bajo las cuales circulaba la información. En particular, señala dos grandes cambios estructurales para el periodismo: el desplazamiento de buena parte del negocio publicitario hacia las plataformas y, más recientemente, el uso de contenidos periodísticos para entrenar modelos de inteligencia artificial.

Esa transformación económica se combina con otra de carácter social. La distribución de contenidos dejó de estar principalmente en manos de los medios y pasó a desarrollarse en un ecosistema en el que intervienen plataformas, periodistas, políticos, creadores y usuarios. El resultado, según el libro, no es necesariamente una “abundancia informativa”, sino una circulación mucho más intensa y fragmentada de textos y contenidos, en la que se vuelve más difícil establecer su procedencia y confiabilidad.

Desinformación, anonimato y conversación pública

Uno de los conceptos centrales de la obra es el deterioro de las condiciones que durante buena parte de la modernidad ordenaron la conversación pública. Mazzone sostiene que con el nuevo ecosistema se debilitó la moderación que ejercían los medios y también la identificación y responsabilidad de quien emitía un mensaje. El anonimato, la fragmentación y la desinformación pasan así a ocupar un lugar central en su diagnóstico.

El autor dedica varios capítulos a la desinformación y propone el concepto de “anti-información” para caracterizar su dimensión discursiva. También aborda la pérdida de trazabilidad de los contenidos, los denominados desiertos informativos y la crisis del periodismo local.

La inteligencia artificial generativa incorpora una nueva capa a ese escenario. Mazzone la presenta como una posible tercera etapa de la Web, posterior a la expansión inicial de Internet y al ciclo dominado por las plataformas. Los grandes modelos de lenguaje, señala, ya empiezan a modificar nuevamente la producción y distribución de información y plantean interrogantes adicionales sobre el futuro de la industria periodística.

El libro no se limita, sin embargo, al diagnóstico. Entre las respuestas que examina aparece la recuperación de la trazabilidad de los contenidos mediante mecanismos capaces de identificar su procedencia y sus modificaciones, incluidos estándares como C2PA y las iniciativas destinadas a incorporar credenciales digitales a imágenes, videos y otros materiales.

Un nuevo contrato para la comunicación

En la parte final, Mazzone plantea que el desafío excede al futuro de los medios. Si las plataformas se convirtieron en espacios centrales para la vida cotidiana, sostiene, las sociedades deberán discutir cuáles son las reglas bajo las cuales funcionan y qué responsabilidades corresponden a las compañías que las administran.

El paralelo histórico que propone es el de las ciudades. Así como las sociedades occidentales del siglo XVIII debieron aprender a organizar la vida de millones de personas en nuevos centros urbanos, las sociedades del siglo XXI deben encontrar mecanismos para organizar una parte creciente de su actividad en espacios digitales privados y de alcance global. La diferencia, señala Mazzone, es que las ciudades modernas terminaron sometidas a reglas e instituciones democráticas, mientras las plataformas son administradas por compañías privadas con una capacidad de organización social inédita.
De allí surge su propuesta de pensar un nuevo “Contrato de Comunicación” que preserve conquistas de las sociedades abiertas en lugar de considerar inevitable su desaparición. El objetivo, sostiene, debería ser acumulativo: incorporar las posibilidades abiertas por la tecnología sin abandonar principios como la responsabilidad de los emisores, la trazabilidad de la información, el periodismo profesional y una conversación pública capaz de sostener la vida democrática.

El epílogo condensa esa propuesta en tres prioridades: revalorizar la conversación pública, revitalizar el periodismo y recuperar la trazabilidad de la información. Para Mazzone, resolver esas tensiones no es solamente un problema de los medios: forma parte de una discusión más amplia sobre cómo reorganizar las sociedades abiertas frente al poder adquirido por las plataformas y las nuevas tecnologías.

Mazzone, destacado periodista e investigador

Daniel Mazzone es periodista, docente e investigador especializado en comunicación y periodismo. Durante dos décadas se desempeñó como docente en la Universidad ORT Uruguay, donde dirigió la licenciatura en Periodismo. Es magíster en Periodismo (Universidad de San Andrés). Ejerció el periodismo gráfico en diversos diarios de la República Oriental del Uruguay, ciclo que terminó como primer editor periodístico de El País Digital, de Montevideo, entre 1996 y 2005.

Es autor de Hufftinton Post vs New York Times ¿qué ciberperiodismo? (Crujía, 2012) y Máquinas de mentir, «noticias falsas» y «posverdad» (Crujía, 2018), antecedentes de una línea de investigación centrada en las transformaciones de la información, los medios y el espacio público.

Con El malestar digital, Mazzone retoma esos interrogantes y los lleva hasta el escenario abierto por las plataformas y la inteligencia artificial generativa. El resultado es un ensayo que busca incorporar la perspectiva de la comunicación y el periodismo a una discusión habitualmente dominada por explicaciones económicas, políticas o tecnológicas: qué cambió en las sociedades contemporáneas, qué instituciones quedaron debilitadas y cuáles deberán ser reconstruidas para la siguiente etapa del ecosistema digital.

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